28 nov 2020

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Análisis

Paseando olímpicamente

Alejandro Giménez Imirizaldu

Es difícil aceptar estas privatizaciones exclusivas, excluyentes, súbitas y para siempre

"Bona nit, a l’Hotel Arts". El taxi entre cuatro salía barato. Bailábamos hasta el sol, un rato epifánicos y para casa. En taxi otra vez, porque conducir borracho ya quedaba feo, las piernas no daban para más y la bici estaba por inventar. Luego se llenó de turistas y dejamos de ir de noche, no encajábamos. Los locales de la playa se pusieron raros, con aquellas hordas de desconocidos colorados y ansiosos. Y aquellos precios. Paseábamos a veces por la mañana, sorteando rezagados, charcos de vómito, latas, colillas, pipís y 'papelas'. El embrutecimiento del paseo lo había convertido en un objeto molesto para los vecinos y extraño a la ciudad.

La ZMT (Zona Marítimo-Terrestre) es una línea que separa la ciudad del dominio marítimo. La primera es cosa del Ayuntamiento. Lo segundo es del Estado, gestionado por la Generalitat. El desplazamiento de la línea se decidió hace 12 años. En respuesta a las demandas de los vecinos surgió un proyecto de sustitución del ocio nocturno por funciones más propias del carácter marítimo del Port Olímpic y la playa. Tres autoras, Mariona Benedito, Miriam García y Maria Rubert, arquitecta, paisajista y urbanista, firman sendos libros necesarios para encarar con solvencia el futuro de nuestro litoral. La primera escribe y dibuja mejoras sustanciales a las conexiones del puerto con la ciudad y atiende a los usos de hospital e investigación próximos. La segunda propone mecanismos de conservación y refuerzo de los valores naturales del entorno. La tercera plantea un triple sistema de ramblas, protecciones y vivienda pública en la Barceloneta y junto al Arts. Publicados por BR, responden a las 80 hectáreas de oportunidad que ese cambio de línea devuelve a Barcelona.

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Contra todo ese conocimiento y expectativa la noticia del fin de la concesión y la subasta de los locales pilla a la ciudad con el pie cambiado, ignora el Acuerdo de París y se salta el espíritu de la ley de costas. Puede entenderse el afán recaudatorio para hacer frente a la crisis pero recordemos que los dominios públicos son de todos. Por tanto tienen que generar beneficios de manera no solo económicamente justificada, sino también sostenible, inclusiva y consistente con la memoria colectiva. Es difícil aceptar estas privatizaciones exclusivas, excluyentes, súbitas y para siempre. ¿No podían subastarse cesiones? La venta siembra el riesgo de perpetuar el fracaso de esa fachada litoral, concentra riquezas que eran de todos en muy pocas manos y manifiesta una incapacidad de actores y administraciones para llegar a pactos ponderados. 

Camino por el paseo. Una chica va descalza. La playa está muy limpia pero donde los bares hay que calzarse, por los cristales. En la orilla tres vecinas de la Barceloneta entran al agua riendo valientes. Ya podía ser así con las tres administraciones. Que llegaran al litoral como esas señoras, con cuidado, metiendo el pie, cogidas de la mano. En lugar de eso asistimos a bullas de patio de colegio: siempre gana el que pega el pelotazo y te quita el bocadillo.

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