01 dic 2020

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INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

La eliminación de un virus

TRINO

La eliminación de un virus

Pere Puigdomènech

En este momento podemos decir que la extensión las hepatitis víricas ha sido controlada en un proceso de décadas

El Premio Nobel de Medicina del año 2020 ha sido otorgado a Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice por sus trabajos sobre el virus que produce la hepatitis C. Gracias a lo que descubrieron ellos y otros investigadores tenemos un conocimiento sobre el virus que ha conducido a que hoy hablemos de la posible erradicación de esta enfermedad. Las hepatitis producidas por virus han sido hasta hace poco tiempo un grave problema de salud que, afortunadamente, están siendo controladas de forma cada vez más extendida.

Las hepatitis víricas infectan una numerosa población en el mundo y han sido un grave problema de salud. De ellas la hepatitis A está producida por un virus de ARN que se transmite por el agua contaminada en muchos países del mundo. Sus efectos suelen ser leves y el virus es eliminado de forma espontánea en la mayoría de los casos. La más grave es la hepatitis B que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que infecta a más de 250 millones de personas en el mundo. Es un virus de ADN que se descubrió en los años 60 por Baruch Blumberg que obtuvo el Premio Nobel en 1976. A partir de estos resultados fue posible desarrollar sistemas de detección eficaces que permiten su diagnóstico y proponer medidas de prevención. Desde 1991 disponemos de una vacuna producida en levaduras modificadas genéticamente y que protege a las personas de manera eficaz. El número de infectados por este virus ha disminuido de forma importante en los últimos años.

Una vez conocidos los virus de las hepatitis A y B habían sido detectado casos de hepatitis que se producían por transfusión sanguínea y que no correspondían a ninguno de los virus conocidos. El trabajo de Alter demostró que estaban producidos por otro virus llamado en la época noA-noB. La identificación del nuevo virus fue trabajo de Houghton, trabajando en una empresa privada, y de Rice que lo pudieron aislar. Es un virus de ARN aún más pequeño que el que produce el covid-19. Disponer de información sobre su genoma permitió desarrollar sistemas de diagnóstico que evitaron que las transfusiones de sangre lo transmitieran. Los datos de la OMS indican que en el mundo hay unos 185 millones de personas infectadas por este virus y que produce 350.000 muertes anuales. Una vez pasada la fase aguda de la enfermedad ésta se convierte en crónica, puede producir cirrosis y cáncer de hígado y ha sido una razón importante para recurrir a trasplantes de hígado.

Los estudios para encontrar un tratamiento de la hepatitis C continuaron y han tenido éxito. Desde el 2014 se dispone de un conjunto de fármacos que permiten no sólo detener la enfermedad sino curarla, esto quiere decir eliminar el virus del cuerpo de los pacientes. Son tratamientos costosos que las autoridades han ido aplicando de forma progresiva. Las pautas para su administración han estado siendo adaptadas al conocimiento que se iba teniendo. Gracias al diagnóstico y al tratamiento, la hepatitis C está en clara regresión y deja de ser un problema en muchos países aunque hay lugares aún donde la hepatitis A está presente, que no pueden vacunarse de la hepatitis B o tratarse de la hepatitis C. Por lo tanto hay trabajo que hacer a nivel global.

En este momento podemos decir que la extensión las hepatitis víricas ha sido controlada por los métodos clásicos que han sido aplicados durante los últimos cien años en los casos de las enfermedades infecciosas: higiene en el tratamiento de las aguas, diagnóstico adecuado que permite conocer las vías de transmisión, por ejemplo en la sangre para transfusiones y tratamientos que permitan curar la enfermedad en el caso de la hepatitis C o vacunas eficaces, como es el caso de la hepatitis B. Normalmente los tratamientos eran con antibióticos y ahora son antivirales. Todo esto es lo que está siendo ensayado en el caso de la Covid-19, pero debemos tener en cuenta la escala de los tiempos. Los virus que producen hepatitis fueron descubiertos en los años 60, hemos tenido diagnóstico gracias a las técnicas moleculares hacia los años 80, vacunas en los 90 y sistemas de curación hace cinco o seis años. Es por tanto un proceso de décadas. Mientras tanto las técnicas moleculares han ido acelerándose y ha progresado mucho lo que sabemos de virus, de sus procesos de infección y de la reacción inmunológica del cuerpo. En el caso del covid-19 y el virus Sars-Cov2 que la provoca quisiéramos que todo el proceso se hiciera en meses y es lo que se está tratando de hacer poniendo todos los medios posibles. Pero hacer milagros no está entre las herramientas que utiliza normalmente la investigación científica.