29 oct 2020

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NÓMADAS Y VIAJANTES

Paseantes con mascarilla en una calle del centro de París.

REUTERS / GONZALO FUENTES

Varios escenarios pospandémicos y casi ninguno es bueno

Ramón Lobo

Estamos ante la mayor crisis desde el final de la segunda guerra mundial. Nos amenaza una gran depresión, similar o más profunda que la de 1929, que estallará en toda su crudeza en primavera u otoño de 2021

El guión de las dos olas pandémicas, el debate sobre los efectos de los confinamientos en la economía y la presencia de líderes negacionistas y eugenésicos que defienden la inmunidad de grupo, estaba escrito hace 102 años. ¿Nadie lo leyó? ¿Por qué ningún gobierno tomó medidas? Todo lo que sucede hoy es un calco de la mal llamada gripe española que mató a cerca de 50 millones de personas en 1918. Aunque tenemos a favor los avances en la medicina, la cifra de muertos ha superado el millón, y podría llegar a dos antes de tener una vacuna eficaz.

Estamos ante la mayor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Nos amenaza una gran depresión, similar o más profunda que la de 1929, que estallará en toda su crudeza en primavera u otoño de 2021. Un estudio de la Universidad de Columbia indica que desde mayo, y solo en EEUU, aumentó el número de pobres en ocho millones.

Entramos en una época peligrosa en la que se han multiplicado los líderes y los discursos xenófobos. La pandemia y sus posibles soluciones se juegan mucho el 3 de noviembre en EEUU. No será lo mismo un mundo bajo un ego maniaco sin frenos que con Joe Biden, que encarna el político simpático que trabaja a favor de los intereses del 1%.

Guerra fría

El nuevo año se presenta lleno de amenazas y dudas, con o sin Trump. En el mejor de los casos habrá una nueva Guerra Fría, esta vez entre EEUU y China. Asistimos al final de un imperio y al nacimiento de otro, que conllevará un cambio en el liderazgo mundial. Este tipo de relevos no llegan de manera amistosa. Será un mundo más inestable e inseguro, sin los instrumentos de contención creados en 1945, que fueron destruidos por el unilateralismo de Trump, quien parece estar más a gusto entre dictadores que entre aliados.

La caída del muro de Berlín liquidó la guerra rría entre EEUU y la URSS. El hundimiento de la Unión Soviética generó el espejismo del nacimiento de un mundo multipolar en el que China, Japón y la UE, además de EEUU y Rusia, tendrían un papel dominante. La teoría dictó la ilusión de creer que a más voces habría menos guerras. Funcionó en la presidencia de Bill Clinton.

Los atentados del 11-S marcaron el regreso al unilateralismo militarista y a la existencia de una única superpotencia mundial. Pese su poderío, la América de George W. Bush no ganó ninguna de las tres guerras en las que se enredó: Irak, Afganistán y contra el terrorismo yihadista. Es cierto que  Barack Obama mató a Bin Laden, pero no resolvió el problema. De los rescoldos de Al Qaeda nació el ISIS, mucho más peligroso. Es una guerra que aún no ha terminado.

Mundo multipolar

La pospandemia potenciará un mundo multipolar transitorio en el que se multiplicaránlas guerras regionales, como la que ahora libran por delegación Rusia y Turquía en Nagorno-Karabaj. De Siria aprendimos que una guerra regional en la que participa todo el mundo, en la  que bombardean rusos y norteamericanos, representa un peligro de enfrentamiento directo. Habrá más. A las guerras conocidas por el control del petróleo y de los minerales estratégicos se añadirán otras por el control del agua. No pinta bien este siglo XXI.

El mundo pospandémico, y sus derivadas militares, dependerán de la devastación económica. El Banco Mundial dijo esta semana que era mejor un confinamiento duro y limitado que una cascada de medias tintas que dejan la economía y el ánimo al ralentí. La profundidad del pozo dará oportunidad a los discursos simplistas, a las soluciones autoritarias.

Una vacuna a partir de la primavera del año próximo, y no en 2022 o nunca, como aseguran los pesimistas, podría mejorar el estado de ánimo de la gente y acelerar la recuperación. Si la medicina no es la misma que la de 1918, que estaba a punto de descubrir la existencia de los virus, la ciencia económica y los mecanismos de producción tampoco son los mismos. Entre tanta desesperanza hay un halo de ilusión. Igual que surgió un Franklin Delano Roosevelt con su New Deal, que se impongan ahora otro tipo de líderes capaces de impulsar un Green New Deal que relance la economía y reduzca la amenaza de catástrofe climática.

Por no abandonar del todo la vía pesimista, solo recordar que el New Deal sacó a EEUU de la Gran Depresión, pero se olvidó de Alemania. Después llegaron el nazismo, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, Stalin y los gulag. Si no aprendimos casi nada de la gripe española no deberíamos ser optimistas con sus efectos colaterales. En el fondo, el problema más grave que tenemos somos nosotros mismos, el presunto sapiens que ha esquilmado el planeta.

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