23 oct 2020

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Editorial

El virus no está en funciones

El Govern debe poder actuar ante una situación de emergencia. Lo establece la ley y no lo deberían impedir sus tensiones internas

firma editorial cast

El Periódico

El vicepresident de la Generalitat, Pere Aragonès, durante un pleno en el Parlament

El vicepresident de la Generalitat, Pere Aragonès, durante un pleno en el Parlament

La Generalitat de Catalunya encara la respuesta a la segunda oleada del virus con un ‘president’ y un Govern en funciones, y con una fecha límite fijada desde el pasado viernes: el 14 de febrero, cuando deben celebrarse las elecciones al Parlament. Según la ley que regula la presidencia de la Generalitat y el Govern, este pasa a estar en funciones en cuanto cesa el ‘president’, y hasta la elección de un nuevo Ejecutivo debe limitarse «al despacho ordinario de los asuntos públicos», y se ha de abstener de tomar otras medidas «salvo que lo justifiquen razones de urgencia o interés general».

Cuatro meses, más el plazo que se tarde a elegir un nuevo Govern, que deberían haber sido menos y también haber tenido un cariz de menor provisionalidad si, en la hoja de ruta pactada por los socios de Govern, JxCat hubiese exigido una serie de limitaciones, que deberían ser solo simbólicas, sobre las condiciones en las que Pere Aragonès ejercerá durante este tiempo las funciones de presidente de la Generalitat. Sin embargo, nos encontramos ante un virus que no está en funciones y no entiende de provisionalidades. Las «razones de urgencia o interés general» que establece la ley no podrían estar más justificadas.

En sus primeros compases como presidente en funciones, a Aragonès le ha correspondido poner en marcha las medidas necesarias para impedir que la situación epidemiológica de Catalunya no pase a estar fuera de control. Y lo ha hecho poniendo por delante las necesidades objetivas para evitar tanto un segundo confinamiento que resultaría abrumador como un estado de alarma que podría enmarañar aún más el calendario polìtico. Queda atrás la imagen cultivada por el anterior ‘president’, a base de proclamas y desplantes dirigidos sin distingos al Gobierno central y a su propio Ejecutivo, de que era el único dispuesto a actuar frente a la tibieza e incompetencia del resto. Además de las gesticulaciones estériles,  también deberían quedar aparcada durante los difíciles meses que vienen la tentación de que los componentes del Govern, más rivales electorales que socios, utilicen la gestión de la emergencia sanitaria como argumento de campaña. Las decisiones que deban tomarse en la lucha contra el coronavirus no se pueden resentir con zancadillas o reproches.