26 oct 2020

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EN CLAVE EUROPEA

El primer ministro británico, Boris Johnson.

La hora de la verdad en el 'brexit'

Eliseo Oliveras

La UE no puede ceder ante las exigencias del Reino Unido en el acuerdo comercial porque se juega su propio futuro

La preparación real de las empresas y los estados europeos para una posible ruptura abrupta no está asegurada

A menos de dos meses y medio del fin del periodo transitorio del brexit, se agota el tiempo para pactar un acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido que evite la ruptura abrupta la medianoche el 31 de diciembre. El actual bloqueo, y los que han precedido en las tortuosas negociaciones desde el referéndum del 2016, son fruto de los planteamientos fantasiosos del premier británico, Boris Jonhson, y de su antecesora, Theresa May, de que el Reino Unido podría imponer su voluntad a la UE, que tiene un producto interior bruto (PIB) 5,5 veces superior al británico. Johnson, frustrado porque sus planes irrealistas no se materializan, busca trasladar el fracaso a los Veintisiete, mientras la cancillera alemana, Angela Merkel, reitera que la UE continuará trabajando por un acuerdo, "pero no a cualquier precio".

En el Consejo Europeo de Bruselas, en contra de lo que esperaba Johnson, los Veintisiete han hecho caso omiso a la fecha tope del 15 de octubre fijada por el premier, han subrayado que los progresos son insuficientes y han eliminado de las conclusiones la referencia a "intensificar" las negociaciones, que hubiera implicado entrar en la fase final. La UE ha dejado claro que para avanzar hacia el acuerdo comercial Londres debe "dar los pasos necesarios" hacia las exigencias europeas en competencia equitativa, resolución de conflictos y pesca. Hasta aliados tradicionales del Reino Unido, como Holanda subrayan que es "necesario un movimiento por parte británica".

Johnson confiaba en que el temor al daño económico que causará un brexit abrupto facilitaría que los Veintisiete se plegaran a sus condiciones. Pero la propia UE se juega su supervivencia y cohesión futura en ese acuerdo y no puede permitirse concesiones, ni debilitar lo que constituye su principal fortaleza: el mercado único europeo y sus reglas comunes. "Un mal acuerdo sería mucho peor que si no hay acuerdo", coinciden Holanda y Bélgica, dos de los países más perjudicados por un brexit abrupto.

Viejas tácticas

Los Veintisiete no pueden permitirse que un país que decidió abandonar la UE goce de casi las mismas ventajas que sus miembros. La UE tampoco puede dar libre acceso a su mercado de casi 450 millones a un país vecino sin garantías de que no se convertirá en un paraíso fiscal y de la desregulación laboral y agrosanitaria, en el que sus empresas gozan de ventajas competitivas desleales en dumping social y ayudas públicas ilimitadas.

El ministro alemán de Asuntos Europeos, Michael Roth, ha recordado a Londres que una salida abrupta tendrá un impacto "mucho peor en el Reino Unido que en la UE". La OCDE acaba de estimar que la falta de acuerdo obstaculizará la recuperación británica de la recesión del coronavirus, causará una caída de las exportaciones británicas superior al 30% y reducirá el 6,5% el tamaño de la economía británica.

Las viejas tácticas del imperio británico de "dividir y gobernar", a las que han intentado recurrir Theresa May y Boris Johnson, no han funcionado ante el inquebrantable frente unido de los Veintisiete. El vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Sefcovic, y el ministro alemán Rothhan vuelto a advertir esta semana a Londres que deje de intentar negociar de forma bilateral con algunos estados para dividir a los Veintisiete y se centre en el marco oficial de negociación.

Riesgo cada vez mayor

El llamamiento de la cumbre a las instituciones europeas, los estados y las empresas a intensificar los preparativos a todos los niveles para la posibilidad de un brexit abrupto indica que el riesgo de llegar a fin de año sin un acuerdo es cada vez mayor. Pese a que la Comisión Europea y algunos estados han anunciado desde del 2019 planes de contingencia, no está claro que las empresas que dependen para su funcionamiento de piezas o productos importados del Reino Unido estén preparadas para hacer frente a las disrupciones y retrasos que eso conllevará a causa de la reinstauración de aranceles y controles aduaneros. Las empresas, en especial las pequeñas y medianas, que exportan al mercado británico también están expuestas a dificultades.

El transporte aéreo y de carretera pueden quedar muy afectados, ya que expirarían las autorizaciones vigentes. La actividad de las aerolíneas cuyos accionistas no sean mayoritariamente de la UE, como British Airways, Iberia y Vueling, quedaría muy restringida. El Gobierno británico negocia a contrarreloj medidas especiales para intentar que los vuelos y los transportistas tengan amplia capacidad operativa aunque no haya acuerdo comercial.