26 oct 2020

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Al contrataque

El entonces presidente del Gobierno Mariano Rajoy, en el Congreso.

JUAN MANUEL PRATS

La justicia incomprensible

Antonio Franco

Mi sentido común no considera buena justicia que la confirmación por parte del Tribunal Supremo de que el PP se lucró con la trama corrupta Gürtel no vaya acompañada de unas penas para quienes mandaban cometer los actos delictivos. Eso de que "el partido" es penalmente culpable pero las personas que decidían las cosas, no, es incomprensible. Eso de que Rajoy y compañía, que lo controlaban todo, no sabían nada ni del dinero que gastaban ni de sus propios sobresueldos parece una broma.

En la misma línea hace pocos días tampoco pareció buena justicia que tras haberse condenado -e indemnizado a algunos- por la desinformación que proporcionaba el folleto de salida a Bolsa de Bankia, se dictase otra sentencia dando por bueno lo hecho por su presidente, Rodrigo Rato, porque no había sido reprendido por los supervisores institucionales (Banco de España y Comisión Nacional del Mercado de Valores). Y tampoco se entró en las responsabilidades penales de quienes gobernaban esas instituciones.

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La justicia incomprensible no solo protagoniza los grandes casos. Hace algo más de una semana una juez exculpó al empresario que abandonó como un perro en una camilla de hospital al inmigrante que trabajaba para él, sin permiso de trabajo, y había fallecido de un infarto mientras recogía aceitunas. Por lo menos no lo condecoraron.

No tendremos ninguna posibilidad de ir hacia una buena justicia hasta que no estructuremos mejor el poder judicial que la regula y controla desde su Consejo General. Pero este organismo no puede cambiar porque está bloqueado por el filibusterismo parlamentario que practica el PP para no renovarlo. Con eso mantiene en funciones a varios vocales afines con mandatos caducados hace años. Hay escándalo internacional ante este hecho. Como el Gobierno del PSOE y Podemos ha decidido forzar la situación utilizando procedimientos legales -aunque no ortodoxos- para conseguir los relevos el PP ha desencadenado una campaña de deslegitimación de Pedro Sánchez. No solo no tenemos buena justicia: la política es como ella y las ofensivas mediáticas cierran el círculo vicioso.

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