26 oct 2020

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Ideas

Isaac Rosa.

Los insultos callados

Miqui Otero

Isaac Rosa es un autor al que se le caen de los bolsillos las ideas brillantes para novelas y cuentos, pero sobre todo, un autor que no deja que se le caigan, sino que se las entrega a quien las necesita

Imagina que alguien te envía una carta donde puedes leer: “Está todo perdido. Haz el favor de confesar”. O que sales a la calle y, en el primer paso de cebra, alguien intenta atropellarte. O, también, piensa que te cruzas con una persona absolutamente deslumbrante, que sabe decir exactamente lo que quieres escuchar. O que, para cada comentario que hagas o duda que plantees, tenga la cita literaria perfecta que te resuelva un problema o te aclare los pensamientos. 

Algo así sucede en ‘El Club de los Negocios Raros’, un libro de relatos que G. K. Chesterton publicó en 1930, poco después del gran 'crack' bursátil de 1929. En sus narraciones, entre esos empleos extraños, está la Agencia de Aventuras, que por un módico precio puede tramar para ti que te veas involucrado en un lío, que seas la víctima de un chantaje o una persecución. Pero también existe el Organizador de la Réplica Inteligente: un oficio que consiste en entrar en conversaciones al servicio de alguien que quiere brillar. Se pactan de antemano unos temas que den pie a soltar citas inteligentísimas y eruditas y entonces, en las reuniones en el pub o en el trabajo o en las cenas familiares, se intenta retorcer la charla para llevarla hacia esos temas con el fin de que el cliente se pueda lucir. 

Chesterton dice que se inventó estas narraciones porque “el hombre moderno tiene que satisfacer sus exigencias artísticas de manera sedentaria”. Si desea vivir una aventura, la lee en sus ratos libres, por ejemplo. Pero ya cuando leí ese libro, y pensé en el año de crisis en el que se publicó, me planteé si esos oficios raros podrían ser algo más que un hobby, algo que tuviera que ver con la precariedad y la venganza y algún tipo de justicia más allá de la evasión.

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Para eso, como para otras cosas, está Isaac Rosa: un autor al que se le caen de los bolsillos las ideas brillantes para novelas y cuentos, pero sobre todo, un autor que no deja que se le caigan, sino que se las entrega a quien las necesita. Ayer leía el relato que abre su nueva antología de cuentos, titulada ‘Tiza roja’, y que me recuerda (en clave comprometida; Chesterton era tan brillante como conservador) a esos oficios raros. En él, Mujer 1 ve cómo la persigue una desconocida (Mujer 2) y le hace una propuesta: si Mujer 1 quiere, puede confiarle todos aquellos insultos y quejas sobre su jefe a Mujer 2. No se trata de una postura solo comprensiva, sino que personalmente irá a soltarle todo eso al explotador en cuestión: machista, oportunista, clasista. A cambio, Mujer 1 deberá hacer lo mismo con el jefe de Mujer 2. De este modo, concluye el relato, se externalizaría la rabia sin perder el empleo. O, dicho de otro modo, también se colectivizaría la furia. O se socializaría el dolor. Insultar, de algún modo, a quien nos insulta con sus desprecios y abusos. Al fin y al cabo, dijo Sánchez Ferlosio: «El insulto fue la forma más primitiva, originaria, de la diplomacia, en la medida en que esta es el arte de resolver por acuerdos de palabra lo que podría llevar a conflictos armados».

Es evidente que algunos políticos, de esos que citan a Churchill y a los clásicos y a “aquel”, torticeros y mediocres, cuando no malos, que caerían si cayera Wikipedida, necesitarían un Organizador de la Réplica Inteligente. Pero muchos de nuestros vecinos y vecinas necesitarían aún más a día de hoy este nuevo Oficio Raro que inventa Rosa en su relato. Quizás la forma de convertirlo en realidad pasaría por explicar esos miedos y frustraciones a los que nos rodean, por castigar con el voto y el desprecio a los que nos someten, por entender que la peor forma de sufrir, la más humillante, es hacerlo en silencio.
 

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