El drama de la inmigración

Cartas mojadas

La película de Paula Palacios se debería proyectar en los institutos y las facultades de toda Europa, porque ayuda a tomar conciencia de las injusticias que se producen a diario

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La Guardia Costera italiana transporta a inmigrantes rescatados por la oenegé Open Arms hacia el puerto de Palermo.

La Guardia Costera italiana transporta a inmigrantes rescatados por la oenegé Open Arms hacia el puerto de Palermo. / ALESSANDRO FUCARINI (AFP)

‘Cartas mojadas’ es una película rodada por una mujer valiente que muestra el drama que viven las personas que cruzan el Mediterráneo en busca de una vida mejor hacia un continente idealizado llamado Europa. Una película que se desarrolla en el barco de Open Arms, y que muestra la dramática experiencia de trasladar 550  náufragos a través de una misión estremecedora. Algunos mueren. Los que llegan serán olvidados quedando al albur de la marginación. No consigo quitarme de la cabeza los africanos tumbados sobra la nieve sucia de las calles de París. Gente que estorba, parásitos a los que la policía desaloja sin contemplaciones. Es gente que huye del horror esperando encontrar algo mejor, y que se da de bruces con el desprecio de muchos y la errática respuesta política que no busca una solución adecuada. Y esa solución no está aquí, sino allí, en sus países. Ver cómo los cadáveres de un bebé y de dos adultos son rechazados por la Marina italiana es desolador. Hay tanto por hacer y tan poco rédito que sacar.

Esta película se debería proyectar en los institutos y las facultades de toda Europa, porque ayuda a tomar conciencia de las injusticias que a diario se están produciendo a pocas millas de nuestra casa.

El peor momento es cuando, en plena noche cerrada, el equipo de filmación consigue subirse a un guardacostas libio que detiene en alta mar a unos cuantos náufragos a punto de morir. Los devuelve a Libia. Allí les espera la venganza en forma de reclusión y maltrato físico.

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Todos sabemos que este es un problema de difícil solución. Open Arms no puede ni debe dejar de salvar a estos seres humanos que huyen desesperados enfrentándose a una peligrosa travesía.

No es fácil gestionar el problema una vez que los emigrantes han llegado a las costas de Europa. Sabemos los problemas que se generan cuando, ya en Europa, no se sabe qué hacer con ellos. Es por eso que se debe trazar un plan internacional que dé soluciones desde el origen; de lo contrario seguirá habiendo el imparable goteo de muertes de gente que, a diferencia de nosotros, ha tenido la mala suerte de nacer en el lugar equivocado.