MIRADOR

Patriotismo sin quirófanos

Cualquier litigio político parece merecer más escandalera que los estragos causados en la sanidad pública por los recortes de la última década. ¿El bienestar, la equidad y la justicia social no son la patria? ¿Qué es la patria, entonces?

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De izquierda a derecha y de arriba abajo, Laura Tarrés, Jorge Valls, Josep Bruch y Juana Fernández.

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Laura Tarrés, Jorge Valls, Josep Bruch y Juana Fernández. / A. MAS / R. CUGAT / D. APARICIO / F. NADEU

¿Les suenan los nombres de Laura Tarrés, Jorge Valls, Juana Fernández y Josep BruchLos cuatro fueron presentados a los lectores de EL PERIÓDICO por la reportera Beatriz Pérez el fin de semana pasado. Todos ellos tienen varias cosas en común. Viven en Catalunya, basculan en torno a la setentena, su condición socioeconómica es modesta. Y son víctimas. Víctimas, perjudicados, damnificados, díganlo como prefieran, de la jibarización de la sanidad pública.

Luego volveremos con ellos. Desquiciado, el otoño hierve en una olla de presión. España, epicentro europeo de la segunda ola de la pandemia. El hipocentro está en Madrid, el tuétano del poder convertido en museo del horror político. Guerra de trincheras cavadas en suelo judicial. La llave parlamentaria de los Presupuestos del Estado, en el aire. El escándalo de Juan Carlos I y la renovada dialéctica monarquía-república añaden una cuenta más al rosario de crisis: sanitaria, económica, política, social, institucional también.

La extrema derecha calienta ante el trampolín de la moción de censura. El independentismo irredento busca grietas para debilitar al Estado y demoniza los virajes hacia la realpolitik. El cataclismo económico adquiere proporciones bíblicas. La amenaza de bloqueo en la UE pone en jaque el calendario de los fondos de reconstrucción. No se abran todavía las venas: dentro de tres semanas, EEUU puede corregir en las urnas el desvarío de la elección de Trump y, si no tropiezan todas las investigaciones en marcha, en tres meses podría haber una vacuna eficaz contra el covid.

Y aquí regresan Tarrés, Valls, Fernández y Bruch. Los cuatro son o han sido víctimas de unas listas de espera sanitarias inaceptables en un Estado social y democrático de derecho, así define la Constitución a España. El país es un áspero escenario dominado por la querella política perpetua. La banda sonora, un estrépito mayúsculo de vajillas rotas. Pero diríase que cualquier litigio merece más escandalera y mayores aspavientos que los estragos causados en la sanidad pública por los recortes de la última década.

¿Qué es la patria?

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¿Dónde están los patriotas? Habrá que preguntárselo una vez más. Todas las que sea menester. ¿Dónde están todos los que cabalgan con tanto estruendo a lomos de la patria, la nación, el pueblo, la tierra? ¿Dónde están las grandes manifestaciones de país convocadas para revertir los recortes que dejaron en cueros la sanidad, la educación y el bienestar social? ¿El bienestar, la equidad y la justicia social no son la patria? ¿Qué es la patria, entonces?

Catalunya es la comunidad con más enfermos en espera por cada mil habitantes. Ya lo era en diciembre del año pasado, antes de la pandemia, o sea, abstenerse de pretextos oportunistas. Con el covid, el tiempo de espera ya inadmisible de hace un año en la sanidad catalana se ha redoblado con incrementos del 60%, el 70%, el 80% y el 90%, según el tipo de intervención quirúrgica. No se trata de operaciones triviales: la espera por un cáncer de piel aumenta un 104%. Esta es la era del patriotismo sin quirófanos.