29 oct 2020

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ANÁLISIS

Bartomeu, en el palco del Palau Blaugrana durante la pasada semifinal de la Liga de Campeones de fútbol sala.

EFE / ENRIC FONTCUBERTA

La Tierra plana de Bartomeu

Sònia Gelmà

La idea de recoger 16.000 firmas sin un solo partido en el Camp Nou parecía una quijotada de Jordi Farré. Así se lo tomaron desde el club, aunque les entrara cierta inquietud cuando vieron que se aliaban grupos opositores para ayudar con la logística. Pero conocían al socio del Barça y esta tormenta también pasaría. Cosas de Twitter, esa red sobre la cual desconfiar por los incontables bots que circulan. Y de otra cosa no, pero de eso saben un rato.

Ya se sabe que las teorías sobre la conspiración no tiene por qué tener una base científica

Luego aparecieron las 20.000 y la cosa se puso seria. Internamente, les resultaba imposible asumir que hubiera esa cifra de socios tan descontentos como para querer ahora un voto de censura.

Como si los incontables escándalos de los últimos meses, culminados en el intento de fuga de Messi, no hubieran existido. Lo siguiente, y lógico, por tanto, fue concretar la cifra de firmas falsas que tenía que haber, 5.000. Ni una más ni una menos.

El alud que no llegó

Ya tenían la conspiración, solo faltaba que la validación la destapara. En el recuento florecerían las irregularidades, y aunque el presidente de la mesa del voto, menos afín de lo que hubieran deseado, no les comprara lo de llamar uno a uno a cada socio, creyeron que la validación habitual además de un mensaje al teléfono móvil sacaría a la luz las irregularidades.

Pasaron los días y no hubo noticias de las supuestas 5.000 firmas falsas. Ni de 1.000, ni de 100...

El alud de socios indignados por ese fraude llegaría. Pero pasaron los días sin noticia de esos 5.000 mensajes de vuelta. Ni siquiera 1.000. Ni siquiera 100. Ni 10. Ni uno.

Desesperados, solo quedaba aferrarse a que la Tierra es plana. Ya saben que las teorías conspiranoicas no tienen por qué tener base científica. Solo es necesario hacernos ver que somos unos crédulos, que ellos saben ver las señales que el resto no detectamos porque no somos más que un público aborregado. Todo forma parte de una gran patraña con la que nosotros, pobres inocentes, hemos tragado. Nada es de fiar y nadie es fiable.

En manos de la Guardia Civil

Así que les bastaron cinco formularios irregulares y el resto queda en manos de la Guardia Civil. Porque en su delirio, los fantasmas no se limitan a los impulsores de la moción, a los que consideran meros instrumentos. Los fantasmas incluyen a todas las fuerzas independentistas, los Mossos entre ellas.

Todo con el único objetivo de apoderarse de ese club que se encuentra en un momento delicadísimo y que necesita de unas decisiones tan diligentes como las que llevan tomando en los últimos tiempos. Porque su inmaculada gestión no puede ser puesta en duda más que por unos intereses ocultos. Quién en su sano juicio podría discutir un gobierno tan firme, tan brillante, tan exitoso.