29 oct 2020

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IDEAS

Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso. 

Alberto di Lolli

Tramposos y fulleros

Josep Maria Pou

Ya no me queda lugar para el asombro. Ni siquiera para el estupor. He agotado, también, mi reserva de indignación. Solo me queda y muy a pesar mio, la desafección. Desconecto. Me alejo. Noto que la distancia es cada vez mayor. Como si montado en la grua de un rodaje intergaláctico esta se elevara y elevara hasta mostrármelo todo en un largo plano general del que ya no llegan ni voces, ni ruidos, ni aspavientos. La paz. Lejos. Cuánto más lejos mejor.

Es el resultado de la política de estos días. Podría decir del “politiqueo” de estos días, pero no quiero ser yo quien la degrade. Ya se encargan de ello algunos -demasiados- de los que la manejan. Si la política es, por encima de todo, el arte de la buena relación, ¿cómo es posible tanta cuchillada, tanto toma y daca tabernario, tanta bravuconada de matón de Instituto? ¿Dónde el entendimiento, la empatía, el afecto, el bien común? 

Me resisto a generalizar. Escojo con cuidado, palabra a palabra, para no caer en el injusto rasero. No todos los políticos son iguales. (Repito: no todos los políticos son iguales). Los he conocido vocacionales, entregados hasta el quijotismo a la causa de procurar lo mas sano, justo y digno para  sus conciudadanos.  Venidos de todos los estratos sociales, de la cátedra y de la empresa. Venidos incluso de la mina. Con voluntad de servicio. Ante los errores de algunos, ya mayores, poco dados a despegarse de un pasado que lastraba, a menudo, muchas de sus decisiones, confiaba yo siempre en la llegada de nuevas generaciones con otro ideario y otras actitudes. Nunca pude imaginar que serían algunos de esos jóvenes políticos los que me convertirían -descreído, decepcionado, escéptico y desconfiado- en el hombre de poca fé que soy ahora. 

No descarto, en absoluto, que la culpa sea mia. Uno no es nunca del todo inocente. ¿Qué debería/deberíamos haber hecho y no he/hemos hecho para evitar llegar a esto? Ha sido necesaria esta pandemia para que aflorara lo mejor de muchos, pero también lo peor de unos pocos. De aquellos de quienes, por desgracia, dependen muchas vidas. De esos malos políticos que ahora se juegan al mus, tramposos y fulleros, nuestro hoy y nuestro mañana.

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