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Varias personas hacen cola respetando la distancia de seguridad para entrar en un ambulatorio, junto a una ambulancia del SEM, en Barcelona.

Varias personas hacen cola respetando la distancia de seguridad para entrar en un ambulatorio, junto a una ambulancia del SEM, en Barcelona. / EUROPA PRESS / PAU VENTEO

Estamos afrontando una epidemia insólita; desde la gripe de 1918 no había sucedido nada comparable. En poco tiempo ha pasado de ser un problema local en una remota zona de China a ser una pandemia global. Una pandemia que ha afectado a millones de personas, ha impactado en la economía de una manera formidable y ha reducido la movilidad de forma espectacular. En nuestro país, estamos justamente preocupados y siguiendo día a día la dinámica de la infección los datos de enfermos, hospitalizados, y defunciones. Pero tal vez deberíamos ser todos conscientes de las otras afectaciones que tiene sobre nuestra salud colectiva.

Porque el miedo a la covid, y el estrés que está causando en muchas personas, tienen un impacto. Pero además, porque nuestros servicios sanitarios están sufriendo una notable disrupción en su funcionamiento. Que seguramente no es tan grave ahora como en marzo y abril, ni tan profunda en unas comunidades en comparación con las que sufren más transmisión estos días. Pero que está bien presente. Por una parte, muchos profesionales se han infectado, especialmente en las primeras fases de la epidemia. Se ha pagado un tributo en enfermedad y muerte al virus, y además los aislamientos y cuarentenas del personal afectado han agravado la sobrecarga de sus colegas. Por otra parte, el coronavirus ha afectado el rendimiento del sistema.

En los centros de atención primaria, un 20-25% de la actividad actual tiene que ver con el virus, desplazando al resto de problemas de salud que antes ocupaban las atareadas consultas de medicina y enfermería. Es más, la asistencia presencial se ha reducido en favor de la atención a distancia, telefónica o por otros medios electrónicos. Aunque en este país la población iba mucho más al médico que en otros, muchos profesionales temen que el seguimiento de los problemas crónicos de muchos de sus pacientes pueda estar comprometido. Además, perder la referencia del profesional de cabecera no es deseable.

En los hospitales, la situación también muestra serias disfunciones. Hoy mismo, casi un 10% de las camas de la red están ocupadas por pacientes con covid (en Madrid, más de un 20%). En las ucis, casi un 20% de la ocupación en por coronavirus (en Madrid casi un 40%). Esta capacidad asistencial no estaba ociosa antes de la epidemia, y por tanto ha desplazado la atención a otros problemas. Se intenta preservar la respuesta a los que se juzgan prioritarios, pero esta situación afecta a las listas de espera, a los circuitos diagnósticos, y al seguimiento de problemas que pueden presentar complicaciones.

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Todo esto es necesario: hay que hacer frente a esta emergencia. En algún momento, cuando todo esto pase, habrá que hacer un balance y valorar el impacto real del covid sobre nosotros. Para resituar su impacto directo e indirecto, sanitario, económico y social. Personalmente creo que (como muchos vamos viendo en nuestro entorno), va más allá de los que los datos de casos y PCR pueden mostrar.

*Doctor en medicina, Master en salud pública.