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Colas para entrar en un CAP.

Colas para entrar en un CAP. / FERRAN NADEU

Llueve sobre mojado en el sistema de salud de Catalunya. La pandemia del covid-19 ha agravado un problema histórico exacerbado con los recortes del 2010. Si hace un año las listas de espera ya eran motivo de alarma, el tiempo medio actual se ha incrementado entre un 50% y un 90%. Unas cifras que se transforman en sufrimiento e inquietud concretos. No solo por parte de los pacientes. Los expertos temen que los retrasos en las pruebas diagnósticas supongan un agravamiento de enfermedades e incluso eleven el índice de mortalidad.  Y al covid-19 se sumará la gripe estacional, que acentuará la saturaciónen los CAP y  en los hospitales.

Los datos de los retrasos en visitas, pruebas y operaciones son desoladores. Mucho más si se les pone rostro. El diciembre pasado, EL PERIÓDICO recogió los testimonios de algunas personas afectadas por las demoras en la lista de espera. Diez meses más tarde ha vuelto a ponerse en contacto con ellos. Algunos de ellos han sido atendidos durante este periodo. La mayoría de los relatos,  no obstante, han sumado, con el tiempo, dolor y preocupación. Juana Fernández, de 71 años, aún no ha conseguido una cita con el dermatólogo para una úlcera interna en la pierna. Jorge Valls, también de 71 años, sigue malviviendo a la espera de una operación en la columna vertebral sin fecha asignada.

Son muchas voces las que, durante los últimos años, han advertido de la fragilidad del sistema sanitario. Las insuficiencias de la financiación autonómica ya habían puesto difícil a todas las comunidades autónomas, pero sobre todo a las más maltratadas económicamente por el sistema, recuperar el nivel de gasto sanitario anterior. Algunas, con todo, hicieron de ello una prioridad política de primer orden, mientras que la recuperación de los presupuestos sociales no lo fue tanto en otras. Y Catalunya no está, en esto sentido, entre las que salen mejor paradas.

La aparición del covid-19 ha impuesto al todos los recursos asistenciales una tensión extrema, que ha obligado a fijar prioridades a menudo dolorosas.  Pero la inestabilidad política y el desinterés por la gestión diaria de los últimos años no han contribuido a que el sistema de salud estuviese en las mejores condiciones para afrontar este reto. Ahora, los fondos de reconstrucción deberían servir para que, tras esta dura prueba, el sistema sanitario salga reforzado. Sería imperdonable no aprovecharlo. Mientras, los rostros de la inquietud y el sufrimiento vuelven a las páginas de este diario, tras un año más de espera.