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De premios y de jurados

La ganadora, Louise Glück, no aparecía en ninguna lista de favoritas y esta elección inesperada es justo lo que hace tan arbitrario y a la vez atractivo el galardón

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La poeta norteamericana Louise Glück, en el 2014. 

La poeta norteamericana Louise Glück, en el 2014.  / GETTY IMAGES NORTH AMERICA AFP

Como cada año, los días previos al anuncio del Premio Nobel de Literatura han dado pie a numerosos deseos, conjeturas y apuestas. En la lista de posibles ganadores estaban los sospechosos habituales —Murakami, Atwood, Kundera—, quienes a estas alturas espero que ya se lo tomen con humor, y también varios nombres nuevos, como Maryse CondéAnne Carson o Scholastique Mukasonga. Que yo sepa, la ganadora final —LouiseGlück— no aparecía en ninguna lista, y esta elección inesperada, casi furtiva, es justo lo que hace tan arbitrario y a la vez atractivo el Nobel —¡qué impresión, por ejemplo, el día que me descubrieron la poesía de Wislawa Szymborska!

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En teoría el Nobel es un premio imposible, porque su campo de acción es ilimitado. En la práctica, los límites los ponen la capacidad lectora de su jurado, un comité de cuatro personas que reciben la ayuda de tres especialistas, todos ellos suecos. Hace años conocí a alguien que era amigo de un miembro del jurado, y me hizo ver algo obvio: son personas falibles, como todo el mundo, y tal vez el día que tienen que votar les duele una muela, o no soportan los finales felices, o les gusta veranear en México. Es decir, la vida también cuenta, como sucede con todos los jurados.

Este año la vida pasaba sobre todo por el confinamiento global, y me pregunto si cuando premian la voz poética de Louise Glück por “la belleza austera que convierte la experiencia individual en universal” están pensando precisamente en esa quietud impuesta, que todos experimentamos a nuestra manera. Leeremos a Glück, pues, pero si un día coincido con algún miembro de la academia sueca, me haré pesado insistiendo en la candidata por quien apuesto cada año: Cynthia Ozick. Con 92 años y una mente activa y lúcida, Ozick no ha dejado de conectar la experiencia individual y la universal, y aun mucho más, tanto en novelas brillantes como 'Los papeles de Puttermesser' o 'La galaxia caníbal', como en los textos recogidos en el reciente 'Críticos, monstruos, fanáticos y otros ensayos literarios', títulos todos ellos publicados por Mardulce—lo digo por si los quieren leer y luego recomendar a algún pariente sueco con conexiones académicas.