DESDE L'HOSPITALET

Quedarse sin casa

No tenemos pacto municipal por la vivienda, ni políticas de vivienda, ni regidor de vivienda que ejerza como tal, pero sí tenemos pacto antiokupas

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Activistas de la PAH frenan un desahucio en el barrio de La Torrassa de L’Hospitalet de Llobregat.

Activistas de la PAH frenan un desahucio en el barrio de La Torrassa de L’Hospitalet de Llobregat. / ACN

En L’Hospitalet los administradores de fincas están de enhorabuena. Cuando la gente de Barcelona se mueve, en L’Hospitalet siempre suben las comisiones. Hay quien decide irse lejos pero son muchos los que, por los ertes o las circunstancias, acaban cruzando nuestra frontera para estar, sin estar, en Barcelona. Así nos hemos convertido en una de las cinco ciudades más caras de España para comprar o alquilar piso y, por efecto dominó, cada vez más familias no pueden pagar sus pisos y aumentan los desahucios, y familias enteras se meten en habitaciones o acaban en la calle. Y algunas ocupan, claro.

El pleno del ayuntamiento acaba de aprobar un pacto contra la ocupación. No tenemos pacto municipal por la vivienda, ni políticas de vivienda, ni regidor de vivienda que ejerza como tal, y nadie sabe cuántos pisos ocupados hay en la ciudad, pero pacto antiokupas ya tenemos gracias a Ciudadanos, PP y PSC (los mismos partidos rechazaron apoyar la ley que regula los alquileres). Lo que también tenemos ahora es el sentimiento de inseguridad en máximos históricos, y el de solidaridad dudando de sí mismo. Abuelos aterrorizados que apenas salen de casa para que no se la ocupen, familias temiendo perder su único patrimonio, vecinos alerta ante cualquier ruido, puertas nuevas de hierro forjado en las porterías.

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No se acaba de entender, sin embargo, por qué si es tan difícil echar a los okupas, aquí hay desahucios cada día. Las noticias hablan solo de gente jeta y peligrosa pero cuando aparecen las PAH o el Sindicat de Llogaters, lo que vemos son casi siempre mujeres pobres, sin trabajo y con hijos pequeños, a las que nuestro ayuntamiento, incumpliendo la ley, deja en la calle. Todos, los que ocupan y los que les tememos, tenemos miedo a lo mismo: a quedarnos sin casa. Todos somos víctimas de una larga historia de cobardía y complicidades de nuestros políticos. En esta ciudad que creció densa, dura y desordenada, nunca le pusieron condiciones ni freno a los constructores y ahora, tampoco, a los bancos y los fondos buitre.