La visita a Catalunya

Disparar con pólvora del Rey

Para Podemos y ERC criticar a Felipe VI es una forma de afirmar su identidad política y una vía de escape para compensar la frustración del día a día

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El Rey y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se saludan en el Instituto Cervantes

El Rey y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se saludan en el Instituto Cervantes / CASA DE S. M. EL REY

Cuando alguien está gastando dinero sin contemplaciones, se dice que “dispara con pólvora del Rey”; expresión que tiene su origen en las guerras de Flandes cuando los Tercios españoles disparaban sin importarles el derroche de la pólvora porque la obtenían de almacenes sufragados por las arcas reales. Esto viene a cuento de la insistente campaña antimonárquica en la que están inmersos tanto ERC como Unidas Podemos y sus socios en Catalunya, los Comuns. Para todos ellos disparar contra el jefe del Estado, con gruesas descalificaciones y constantes desplantes institucionales, se ha convertido en una forma de afirmar su identidad política y también en una vía de escape para compensar la frustración del día a día. Cuando ni la independencia ni el cambio de régimen del 78 están a la vuelta de la esquina solo les queda aporrear la figura del Rey, con la ventaja de que este no puede defenderse porque su posición constitucional no se lo permite. Es una campaña que les sale gratis y con la que desestabilizan las instituciones si quien aparece defendiendo al rey es principalmente la derecha, a veces con el objetivo de patrimonializar su figura. Se entra entonces en una peligrosa dinámica de asociación de la jefatura del Estado con un bloque ideológico.

A la izquierda morada, el antimonarquismo le sirve para diferenciarse electoralmente de los socialistas, mantener viva una retórica antisistema, y marcar un horizonte utópico. Su insistente republicanismo les resulta muy útil en medio de una dura realidad socioeconómica que les va a obligar a lidiar -desde las posiciones de Gobierno que ocupan- con no pocas contradicciones. A los independentistas, la figura del rey les permite poner rostro al “Estado español, demofóbico y represor”, señalando al monarca como la encarnación del enemigo contra el que combaten. De ahí la insistencia en que el Rey no cumple un papel meramente representativo, sino que está en la cúspide de una operación de los poderes del Estado, particularmente de la justicia y la policía, contra el separatismo. Las arengas contra la monarquía son habituales en ERC, a la que califican  de “organización criminal y corrupta”, en palabras de Pere Aragonès, o de estar alineada con la ultraderecha hasta el punto de que el Rey  es “el diputado 53 de Vox”, como exclamó Gabriel Rufián en el Congreso.

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Es indudable que la Corona no pasa por un buen momento por culpa del rey emérito. Su marcha de España en agosto pareció confirmar la veracidad de todas las acusaciones periodísticas, aunque por ahora no ha sido llamado a declarar ni aquí ni tampoco en Suiza. En cualquier caso, no se puede negar que Felipe VI ha hecho un notable esfuerzo tanto de transparencia institucional como por distanciarse del padre, cuyo legado histórico queda emborronado por ese final, diga lo que diga la justicia sobre el cobro de comisiones. Pero la actitud de los independentistas y los podemitas hacia la monarquía hubiera sido la misma sin esas supuestas prácticas. La corrupción les da otro argumento, pero la impugnación no es moral, sino política. 

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Es chocante escuchar a Gerardo Pisarello, diputado de En Comú Podem, acusar sin más al Rey de no ser neutral, de estar “alineado con la derecha política, judicial y mediática”; una acusación que también le ha hecho repetidas veces Jaume Asens, portavoz de Unidas Podemos, y la propia alcaldesa Ada Colau. Al final todo se remonta al discurso de Felipe VI el 3 de octubre de 2017, que supuso sin duda un punto de inflexión en el otoño del 'procés' en un momento en que el Gobierno de Mariano Rajoy estaba completamente desnortado. Con el permiso del Ejecutivo, como no puede ser de otra forma, el monarca habló en defensa de la democracia constitucional, denunciando la deslealtad de los dirigentes separatistas, la instrumentalización que estaban haciendo de las instituciones históricas de Catalunya e invocando la concordia entre todos los españoles. Fue un mensaje televiso contundente pero impecable. ¿Acaso pretendían que el monarca mediara con aquellos que habían vulnerado gravemente el Estatut y la Constitución?

Es un discurso que debería escucharse con calma porque fue una lección de derecho constitucional y, en contra de lo que algunos propagan con insistencia, el Rey en ningún momento apoyó la acción policial de esos días y ni tan siquiera citó el 1-O. Por tanto, cuando independentistas y podemitas dicen que aplaudió las porras del “a por ellos”, mienten de forma descarada. Es una relato completamente tergiversado con el que disparan a mansalva contra Felipe VI porque les sale gratis.