26 oct 2020

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DOS MIRADAS

Butacas vacías del Palau de la Música.

LAURA GUERRERO

Es en los tiempos críticos cuando el teatro, ahora más frágil que nunca, se convierte en un recurso de primera necesidad

Bouvetøya es la isla más inhóspita, desolada y recóndita del planeta. Si plantaras en su centro la punta de un compás gigantesco, el radio de la circunferencia tendría 1.700 kilómetros de océano y describiría una curva plana sin tierra firme en toda su extensión. No hay lugar más alejado de todo, más cercano a nada. 'Bouvetøya' es también el título del espectáculo dirigido por Julio Manrique que ha inaugurado el festival Temporada Alta. Hace unos meses, la habríamos contemplado como una exageración futurista. Ahora, se acerca al acta de un notario. No es lo que podría pasar; es lo que está pasando.

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Huir hacia el vacío porque es en este alejamiento donde quizás encontraremos la transfiguración, la rebeldía útil para sobrevivir, la catarsis que puede espolear las conciencias. El teatro es frágil, ahora más que nunca, quebradizo, pero no es una porcelana que decora, sino una ceremonia de reconstrucción. Sabemos que todo es débil y fugaz, que se desvanece en la nada, pero queda la persistencia del gesto. Si alguna vez contemplamos el arte como un lujo prescindible es en los tiempos críticos cuando se convierte en un "recurso de primera necesidad". Esto explica 'Bouvetøya'.