02 dic 2020

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Análisis

Judíos ultraortodoxos el viernes comprando sin mascarilla en un mercado de Brooklyn, Nueva York.

EFE / JUSTIN LANE

Las causas del desastre

Salvador Macip

Pasé diez años en Nueva York y aún conservo amigos. He hablado con ellos últimamente y me dicen que Manhattan parece desierto. La pandemia ha transformado radicalmente la ciudad que nunca dormía porque se han tomado medidas drásticas para detener los contagios. Una ha sido incentivar el teletrabajo. En la isla viven un millón y medio de personas, el mismo número que entraba cada día a trabajar. Si la gente no va a las oficinas, las calles y los comercios están desiertos. A esto hay que añadir el cierre prácticamente total de bares y restaurantes durante un tiempo largo.

El golpe económico para Nueva York será fuerte, pero las restricciones funcionan: a pesar de haber tenido un primer pico de casos similar al de Madrid, en la segunda ola las diferencias son abismales. Por eso el 'Financial Times' escogía las dos ciudades hace unos días para comparar una buena y una mala gestión. Y la OMS se preguntaba la semana pasada qué hace que España tenga unas de las peores estadísticas (el sexto país del mundo en mortalidad per cápita, el séptimo en aumentos diarios de muertos y el octavo en casos totales). Se nota que no siguen la política local.

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La pantomima de estos días entre el Gobierno de la Comunidad de Madrid y el del Estado podría servir como resumen de la tragedia. En países como el Reino Unido, las alarmas se disparan cuando un área supera los 100 casos acumulados cada 100.000 habitantes en 15 días, y se empiezan a aplicar restricciones progresivas. En España se ha dejado que zonas del país supera los 1.000 casos mientras todavía discutían qué hacer (la media del país ahora es de 315, 176 en Catalunya, comparada con los 130 del Reino Unido, los 44 de Italia o los 35 de Alemania).

La respuesta a la pregunta de la OMS es sencilla: en España las cosas se hacen tarde y mal. A pesar de que la primera ola nos enseñó que cuanto antes se aplican restricciones y más severas son, menos tendrán que durar, los políticos españoles parece que no han tomado nota. Continúan dudando y dejando pasar los días cuando tienen que tomar decisiones difíciles. Un segundo motivo es que algunos gobernantes no han entendido todavía las prioridades. Hay ejemplos (Suecia, Estados Unidos...) que demuestran que intentar proteger la actividad comercial en lugar de priorizar la salud no funciona: al final la economía también se acaba resintiendo.

La tercera causa del desbarajuste es la incapacidad de dejar de lado la política cuando hay temas más importantes. No se trata de elegir entre derecha o izquierda, o entre el Gobierno central o el autonómico: la realidad epidemiológica debe pasar por encima de las otras consideraciones. Desde el punto de vista de las salud, lo que hay que hacer está claro y no debe depender de negociaciones. Por eso antes de ayer 55 sociedades científicas nacionales pedían que las decisiones "se tomen por motivos científicos, desligados completamente del continuo enfrentamiento político". Si España quiere dejar de salir en el 'top 10' de países más afectados necesita dirigentes que aprendan de los errores, escuchen a los asesores y actúen con rapidez.

*Médico e investigador de la Universidad de Leicester y de la UOC.

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