TABLERO CATALÁN

'Les bromes porten aigua'

La hoja de ruta de Junts se resume en seis palabras y una coma: más de lo mismo, pero peor

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Carles Puigdemont, en una concentración ante el Parlamento Europeo en Bruselas

Carles Puigdemont, en una concentración ante el Parlamento Europeo en Bruselas / ACN / NAZARET ROMERO

El partido de Carles Puigdemont-Jordi Sànchez, a la espera de que la Justicia se pronuncie sobre el litigio que mantiene con el PDECat a cuenta de la denominación Junts, ha puesto punto final a su congreso fundacional. Es el paso previo a la elección del candidato que, a pesar de las primarias que contemplan sus estatutos, se concretará en Waterloo–Lledoners, tal y como se le supone a una formación nacida al amparo de un doble personalismo; uno a la vista, el de Carles Puigdemont, y el otro de corte más sibilino, el de Jordi Sànchez.

Lo que decidan ellos dos será lo que acabe pasando. De ahí que todos los analistas estén echando cuentas sobre lo congraciado o agraviado que este o aquella –Elsa ArtadiDamià CalvetJordi PuigneróLaura BorràsRamon Tremosa o Elquepase Porahí– está en estos momentos con quienes han de tomar la decisión final que las primarias avalarán rutinariamente.

Siempre que no sea el propio Carles Puigdemont quien decida poner su foto en los carteles. En ese caso, las cábalas y bolas de cristal tratarán de adivinar quien será el "candidato efectivo". Como esta película ya la hemos visto, conformémonos con saber que la capacidad de sorprender de los guionistas está fuera de toda duda y que ya se verá.

Pedalear a ninguna parte

Lo que puede valorarse con conocimiento de causa, porque ya está aprobada, es la ponencia política del nuevo partido. La resumiremos en seis palabras y una coma: más de lo mismo, pero peor. Como quiera que este fuese un extracto muy pobre, podemos reformularlo con una expresión más visual del tipo: pedalear en círculo para no ir a ningún sitio. Añadan las ruedas pinchadas y la cadena oxidada para que la metáfora sea completa.

La confrontación inteligente, que se nos venía anunciando a bombo y platillo, se ha quedado solo en confrontación. Por primera vez se deja claro, a quien apueste por este proyecto, que la aventura que se les propone comporta pasarlas canutas en forma de "sacrificios personales y patrimoniales". Vale para los ciudadanos y los cargos electos. Se sigue apostando por el camino al matadero, pero esta vez con conocimiento de causa. Que no sea que esta vez no se avisa.

Aunque donde la inteligencia desaparece por completo es en el párrafo en que el documento envía un mensaje clarísimo a los Mossos d'Esquadra y al ejército de funcionarios que conforman el cuerpo de letrados, servicios jurídicos, interventores y similares de las instituciones catalanas. Se les exige la "complicidad mínima" para impedir que las acciones derivadas de la estrategia de desobediencia del futuro sean reprimidas. No estamos analizando el programa de la CUP, sino el de Junts. Pero es lo que es. Una invitación a la anarquía temporal en toda regla, presentada como un prólogo inevitable de la implantación de la república, que esta vez, sí o sí, contará con la mediación de Europa y dos huevos duros, por no decir tres, cuatro, cinco o seis.

Examen suspendido

Junts también se alinea con la campaña de la Cambra de Comerç de Barcelona, presidida por Joan Canadell, de intervenir en la actividad económica a través de los poderes públicos y las instituciones catalanas, mediante la discriminación de las empresas por origen, particularmente en el sector bancario y energético. Alguien, antes de validar una ponencia política, debería leerse las directivas comunitarias al respecto si pretende ser tomado en serio.

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Hay partes del documento que parecen una broma, como cuando se afirma que "es fundamental aprender las lecciones de los hechos de octubre de 2017".  A tenor de lo que se lee en la ponencia política, parece que Junts quiera aprobar un examen suspendido en junio, por no haber estudiado lo suficiente, presentándose en septiembre a una nueva convocatoria estudiando todavía menos. Si se tratara de un complicado ejercicio matemático, el error estaría en la primera operación: seguir insistiendo en que la república ya se ganó el 1-O y que ahora no hay más que materializar ese mandato.

Aunque, en este punto, Puigdemont-Sànchez afirman una cosa y la contraria. Así han de entenderse las constantes apelaciones a la necesidad de superar como condición imprescindible el 50% del voto independentista en las próximas elecciones. El embrollo de la oferta es fenomenal. Leída y releída, lo único que queda claro de la ponencia es que, más que aprender de los errores, lo que se pretende es persistir en una nueva huida hacia adelante sin atinar para nada con el país complejísimo que tienen bajo los pies. Una broma. Solo que 'les bromes porten aigua'. Así que, por si acaso, cojan el paraguas.