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La variedad como anuncio de cambio

La pluralidad de temas, estilos e intenciones se puede interpretar como la fase previa a una explosión que acabará de sacudirlo todo y nos traerá nuevas formas de abrazar la fantasía y el terror

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Andrea Riseborough en ’Possessor’, de Brandon Cronenberg.

Andrea Riseborough en ’Possessor’, de Brandon Cronenberg.

¿Puede ser la variedad, incluso la dispersión, síntoma de un cambio inminente? Igual no, aunque quiero creer que sí. Pero, en cualquier caso, siempre será mejor que la inercia prolongada durante demasiado tiempo. Todo esto, a propósito de la nueva temporada de películas fantásticas y de terror, de las que el inminente festival de Sitges (que arranca el próximo jueves) proyectará una selección más que representativa.

Una de las cosas más llamativas de la nueva cosecha es que no hay patrones rígidos. Lo habitual, año tras año, es que algún género, tema o estilo se imponga al resto. Los últimos años hemos atravesado la moda del cine apocalíptico, la de las películas nostálgicas de los 80 saturadas de sintetizadores, la de las películas de zombis tranquilos y contemplativos, la del terror cósmico, la del horror metafórico… Y está muy bien. Es interesante ver cómo el presente interpreta los géneros tradicionales y la forma en la que directores muy distintos recorren sendas parecidas. Sin embargo, recuerdo pocas épocas más o menos recientes en las que la fantasía y el terror se haya mostrado de formas tan distintas como ahora.

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En 2020 es difícil, por ejemplo, sacar una pauta más o menos común en la programación de los festivales especializados. En Sitges, este año hay terror existencial ('She Dies Tomorrow'), terror religioso ('Saint Maud'), revisiones de géneros clásicos como el cine de zombis ('Malnazidos', 'Península'), propuestas que siguen la senda de un terror decididamente metafórico ('Kandisha', 'Relic' o 'Amulet'), apuestas frontales por la fantasía ('Archenemy') y películas a cargo de personalidades bastante únicas ('Possessor' o 'Mandibules'). En otro tiempo habría interpretado esa variedad y esa falta de foco como algo negativo. Ahora me parece un buen augurio. Desactivar las inercias, darle un buen meneo a los géneros y apuntar en distintas direcciones me parece un buen movimiento hacia la renovación. Solo puedo interpretar la pluralidad de temas, estilos e intenciones como la fase previa a una explosión que acabará de sacudirlo todo y nos traerá nuevas formas de abrazar la fantasía y el terror.