Análisis

Torra: ¿a quién le importa?

La única aportación novedosa de Torra a la doctrina separatista es que ya no solo señala a España como obstáculo para la independencia, sino que culpa a la propia autonomía

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El president de la Generalitat, Quim Torra, abandona el Parlament tras realizar una declaración institucional.

El president de la Generalitat, Quim Torra, abandona el Parlament tras realizar una declaración institucional. / ELISENDA PONS

Si la protesta contra la inhabilitación de Quim Torra reunió el lunes a unos pocos centenares de personas en varios puntos de Barcelona, a la convocatoria del día siguiente acabaron acudiendo más agentes de la Brimo que manifestantes. Es la primera vez que un 'president' de la Generalitat es apartado de su cargo por desobediencia y, sin embargo, la movilización de la ANC, Òmnium y los CDR ha sido flojísima. La pandemia seguro que ha influido, pero la escasa fuerza de la protesta refleja que a nadie le importaba mucho. También el enorme cansancio y desconcierto que hay tras casi una década de 'procés'. Durante este tiempo el secesionismo no ha logrado nada, excepto enquistar un problema en la sociedad catalana a cambio de degradar las instituciones. El horizonte de la independencia se ha alejado tanto que casi ha desaparecido de las promesas de sus líderes, que ya no ponen fechas ni plazos, aunque paradójicamente según las encuestas JxCat, ERC y la CUP puedan volver a sumar mayoría absoluta en las próximas autonómicas; por cierto, las cuartas que se convocan anticipadamente desde 2012.

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El lunes, el adiós de Torra no pudo ser más desangelado, con un discurso en el que reconoció no haber podido hacer nada de lo prometido o propuesto desde que fue investido en mayo de 2018 Ni proceso constituyente, ni constitución catalana, ni nuevo referéndum. Nada. El 'expresident' podía haberse despedido de sus compañeros de Govern cantándoles el mítico tema de Alaska, '¿A quién le importa?' Pues a nadie, esa es la verdad. Durante estos dos años solo él ha desobedecido, pero no para “fer república” sino por negarse a retirar a tiempo una pancarta del balcón de la Generalitat tras haber sido advertido reiteradamente por el TSJC. El mundo independentista y podemita se queja de la desproporción de la condena sin entender que en democracia la neutralidad de las instituciones es un principio esencial, más aún en periodo electoral. Con todo, la inutilidad política de ese gesto, sin ningún sentido estratégico, se convierte en el mejor el colofón del 'procés', que se cierra en un bucle cada vez más pequeño y ridículo.

Para dar algo más de trascendencia a la destitución de Torra, en el Parlament la mayoría separatista le ha dedicado este miércoles un último adiós. Otro pleno insufrible, repleto de jaculatorias contra la justicia, el Gobierno español, la monarquía, etc. Pero a nadie le importaba ya lo que dijese el 'expresident', que volvió a insistir en unas nuevas “plebiscitarias” como respuesta a la “represión”, propuesta que ERC rechaza por electoralista. La única aportación novedosa de Torra a la doctrina separatista es que ya no solo señala a España como obstáculo para la independencia, sino que culpa a la propia autonomía, con sus interventores y 'mossos', de ser un factor de freno y sometimiento. El autogobierno como enemigo. Una reflexión, afirma, surgida de su experiencia, y que seguro que en los próximos años desarrollará en algún libro mientras disfruta de la fabulosa jubilación que como 'expresident' le pagamos entre todos. 'Catalans, ¡quanta repressió!'