29 nov 2020

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Análisis

Una profesora del IES Joan Mercader de Igualada, iniciando el curso.

MARC VILA

¿Estamos preparados para el aprendizaje híbrido?

Ismael Palacín

El aprendizaje 'on line' de calidad pide más maestros y más escuela que nunca. Con más tecnología, más humanizada deberá ser nuestra educación y más expertos los docentes

Con un esfuerzo admirable los docentes han conseguido que las escuelas sean un espacio de aprendizaje acogedor, a pesar de las mascarillas y las distancias. Los cambios organizativos consumen muchas energías. Es comprensible que se sientan abrumados cuando ven que a la vieja burocracia se añaden los protocolos de salud y han de prepararse para la llamada 'educación híbrida'.

El confinamiento temporal y preventivo de grupos será una señal de buena gestión sanitaria y quizá evitará repetir el cierre generalizado de escuelas. ¿Estamos preparados? El bautizo digital durante el confinamiento fue una experiencia frustrante para muchos docentes, alumnos y familias. Nuestra administración había dejado de invertir en programas de formación digital docente la última década, y espero que aprendamos la lección. Tenemos referentes de primera porque muchos maestros se habían autoformado, pero no nos podemos conformar con la desigualdad entre escuelas y alumnos del curso pasado.

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Ahora nos tocará pedir a los docentes que improvisen para garantizar el derecho a la educación. Tenemos que reconocer que será estresante porque les exigirá horas de trabajo, planificaciones cambiantes y repensar su experiencia. Espero que esta vez la administración como mínimo asegure conexión a todos los hogares, personal, apoyo técnico y formación flexible a cada centro.

¿Cómo conseguiremos que funcione? La investigación nos dice que la educación híbrida puede llegar a ser tanto o más efectiva que la presencial solo si apostamos por el rediseño de las actividades con aprendizajes colaborativos y activos. Pide que el maestro ofrezca una tutorización continua y personalizada del alumno. Las videoconferencias en directo favorecen la implicación del alumno, pero es inútil intentar hacer una traslación de la clase presencial y deberes 'on line'. Lo más efectivo son las actividades asíncronas bien planificadas, donde la implicación del alumno puede ser más reflexiva. Hay que formar a los alumnos para que mejoren la autogestión autónoma de los tiempos, los hábitos y las estrategias de autoaprendizaje. Este modelo convierte en obsoleta la idea de terminar un temario de cada materia y nos obliga a apostar por aprendizajes competenciales y profundos.

Si queremos buenos resultados, las escuelas también tendrán que invertir en sesiones formativas que den pautas y acompañamiento a madres y padres. Y para garantizar la equidad serán necesarios programas comunitarios que ejerzan de mentores de las familias que no pueden o no saben.

El aprendizaje 'on line' de calidad pide más maestros y más escuela que nunca. Con más tecnología, más humanizada deberá ser nuestra educación y más expertos los docentes. Con más tecnología, más inversión en equidad y en personalización.

Este será un camino de aprendizajes que pide realismo y comprensión. ¿Puede ser este trasiego una oportunidad para la transformación educativa? Aunque desconfíen en el potencial de la educación digital, si releen el artículo verán que el aprendizaje híbrido nos obliga a invertir en los cambios que ya necesitábamos. La pandemia era inesperada, la digitalización no tanto.