30 oct 2020

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Análisis

Ximo Puig pide reformar la financiación para evitar desigualdades.

MIGUEL LORENZO / VÍDEO: EUROPA PRESS

Catalunya también se ha ido

Rafael Jorba

Ximo Puig, presidente de la Generalitat valenciana, ha tomado el testigo de Pasqual Maragall en el debate sobre el modelo de España frente al de Madrid

Con la crisis del covid-19 como telón de fondo, Isabel Díaz Ayuso y Ximo Puig han esgrimido esta semana mensajes contrapuestos sobre la idea de España. La presidenta madrileña reclamó un trato diferencial para su comunidad: “Madrid es de todos. Madrid es España dentro de España. ¿Qué es Madrid si no es España? Todo el mundo utiliza Madrid, todo el mundo pasa por aquí. Tratar a Madrid como al resto de comunidades es muy injusto”.

El presidente de la Generalitat valenciana, por su parte, aprovechó el debate de política general en su comunidad para pedir una “profunda reforma territorial” para corregir asimetrías y superar el ‘efecto capitalidad’ que “ha convertido a Madrid en un generador de diferencias. Un ‘procés’ invisible con un 'dumping' fiscal injusto“. “Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del neoliberalismo, porque su modelo ha fracasado”, apuntó.

Un modelo que naufragó en el 2008

Díaz Ayuso es la heredera de aquel modelo que naufragó con la crisis del 2008 y que ahora muestra su peor rostro. “Ni la sociedad era únicamente un gran mercado, ni la respuesta al estatismo eran las privatizaciones de unos servicios públicos que ahora nos han salvado la vida”, enfatizó Puig. El gran ausente de este debate es el Govern de la Generalitat de Catalunya, enfrascado en luchas domésticas por la hegemonía del espacio independentista.

El presidente valenciano ha tomado el testigo de Pasqual Maragall en el debate sobre el modelo de España. Antes de llegar a la presidencia de la Generalitat, Maragall publicó dos artículos en 'El País' que -releídos ahora- resultan casi proféticos: 'Madrid se va' (23 de febrero de 2001) y 'Madrid se ha ido' (7 de julio de 2003). En el primero, escribía: “Se tiene desde la periferia la sensación de que Madrid se va de España. Que juega otra liga, la liga mundial de ciudades (...) Que ya no le interesamos. Que España, para Madrid, es ahora tan sólo el lugar donde ir a buscar pequeñas y medianas empresas en venta para mejorar posiciones, sector por sector, antes de dar el salto al otro lado del charco”.

“Si Madrid se va solo por ahí, puede ser que un día se encuentre que los demás vamos todos juntos por otro lado. El Madrid del Gobierno, claro. Porque el Madrid de Tierno no creo que esté metido en ese viaje”, concluía Maragall. Eran los tiempos en que José María Aznar gobernaba con mayoría absoluta.

Dos años después, en su segundo artículo, Maragall decía que Madrid ya se había ido: “El magnífico paisaje pintado por la Constitución, una España plural, con idiomas, pueblos y nacionalidades unidas en un proyecto común, se iba como destiñendo para permitir la aparición de la auténtica, inmarcesible e incombustible pintura de fondo, la de la España radial, díscola, difícil y necesitada de una mano firme en el centro para dominar sus demonios; si bien ahora una mano tan económica como política, tan ‘liberal’ como antes dictatorial”.

Aviso para navegantes

La conclusión de Maragall, a modo de aviso para navegantes: “Yo confío en que la sociedad civil madrileña reaccione y se plantee seriamente cuál ha de ser el papel de esa comunidad en la política española; y para empezar, cómo debe Madrid regenerarse políticamente. Cuatro años más de deriva como la de los dos últimos y España perdería el norte. Y nunca tan bien dicho”.

Así ha sucedido. El problema está en que no solo el Madrid neoliberal de Díaz Ayuso se ha ido, sino que la Catalunya de Quim Torra, también. El paso del catalanismo político al independentismo ha representado la renuncia a seguir defendiendo otra idea de España. Repito: el testigo de Maragall lo ha recogido desde Valencia Ximo Puig. El Govern de Catalunya ha acabado diciendo “Adéu Espanya”, una fórmula retórica que el abuelo de Maragall utilizó en 1898 con voluntad reactiva: “Espanya, Espanya, retorna en tu, / arrenca el plor de mare!”.

Diez años después Joan Maragall escribió su “Visca Espanya!”, un alegato en favor de la pluralidad y la modernización frente al regeneracionismo español, con el que coincidía en el diagnóstico pero no en la terapia: “Espanyols? Sí, més que vosaltres! Però, com ha de viure Espanya? No pas arrossegant-se pels carrerons provincials del caciquisme; no pas agarrotada, com fins ara, en el lligams d’un uniformisme que és contrari a la seva naturalesa”.

El catalanismo maragalliano, huérfano de un proyecto transversal y mayoritario, no tiene hoy otro consuelo que hacer suyas las reflexiones de Ximo Puig y mandar un abrazo federal y fraterno a los ciudadanos de Madrid, en sintonía con aquel grito del presidente Companys en horas mucho más trágicas que la presente: “Madrileños, Catalunya os ama”.