Editorial

Gestión incierta de las migraciones

La propuesta de nueva política de gestión de los flujos migratorios de la Unión Europea sigue cargando el peso en los países fronterizos

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El Periódico

Un niño, en el nuevo campo de refugiados temporal levantado en la isla griega de Lesbos, el 23 de septiembre.

Un niño, en el nuevo campo de refugiados temporal levantado en la isla griega de Lesbos, el 23 de septiembre. / REUTERS / YARA NARDI

La propuesta elaborada por la Comisión Europea para gestionar los flujos migratorios da un enorme margen de discrecionalidad a los estados y apenas puede entenderse como una solución encaminada a corregir la inoperancia del acuerdo del 2016, que estableció un baremo de cuotas que nunca funcionó. La fórmula propuesta, que ahora deberá debatir el Consejo Europeo y luego se someterá a la consideración del Parlamento, promete un debate difícil por no decir enconado y un más que probable disenso entre el punto de vista mayoritario de los gobiernos y el criterio de los eurodiputados, cuyos planteamientos en materia migratoria son a menudo divergentes.

Ciertamente, el sistema de cuotas fue un sonoro fracaso a la hora de aplicarse, pero las medidas propuestas, como el mecanismo de criba entre los migrantes que tienen derecho y los que no lo tienen de cobijarse en la UE, la posibilidad de establecer acuerdos de contraprestación con los países de origen -permisos de trabajo y de estudio- para compensar las devoluciones y un supuesto reforzamiento del Frontex para mejorar el control migratorio no despejan la sensación de que los estados del sur de Europa serán los que deberán pechar en primera instancia con un problema que atañe a toda la UE. Y tampoco se pone freno al riesgo de que se multipliquen los casos de devoluciones en caliente sin garantías.

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El Convenio de Dublín, revisado en dos ocasiones y que nunca funcionó, la frecuente confusión entre refugiados políticos y migrantes económicos y la constatación de que no reúne Europa las condiciones para absorber a cuantos recalan en ella aunque por otra parte necesita su aporte demográfico no son razones suficientes para desistir de un tratamiento humanitario del problema. Nadie duda de que es preciso contar con mecanismos sólidos de control de fronteras, con más razón ahora a causa de la quiebra económica causada por la pandemia, pero siguen vigentes y deben cumplirse la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y otras muchas resoluciones y compromisos de los estados que conforman la tradición del derecho humanitario en Europa. Hace falta mejorar la propuesta si no se quiere romper con ella.