26 oct 2020

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Las heridas mentales y sociales del covid-19

La calle de Astúries de Barcelona, ayer martes.

ÁLVARO MONGE

Curar las cicatrices pandémicas

Antón Costas

Una economía sometida al miedo puede reducir la capacidad de crecimiento a largo plazo y empobrecer a las nuevas generaciones

No habrá recuperación sostenible de la economía y del empleo mientras no logremos cicatrizar las heridas mentales y sociales que deja la pandemia. Aceptar este axioma es el primer paso para evitar los efectos permanentes que puede provocar el covid-19.     

Nuestra relación con el covid-19 responde a las cinco fases que la doctora Elisabeth Kubler-Ross identificó cuando nos enfrentamos a la noticia inesperada de una enfermedad grave: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Solo cuando aceptamos la enfermedad podemos comenzar a ponerle cura y recuperarnos. Con la pandemia del covid-19 aún no hemos alcanzado esta fase.

Gestionar la recesión

La economía pandémica no se comporta como una economía normal. Si los gobiernos gestionan bien la recesión -con políticas fiscales, financieras y laborales adecuadas- la recuperación de una economía tarda entre 6 y 18 meses. Eso sí, cuando se gestiona mal, la recesión puede alargarse de forma peligrosa. Es lo que ocurrió en la crisis financiera y económica del 2008 con el error de la política de austeridad fiscal de la zona euro.

A diferencia de las recesiones de una economía normal, que son provocadas por algún desequilibrio interno de la economía (inflación, déficit público, déficit exterior), las recesiones pandémicas son provocadas por un 'shock' externo, ya sea una guerra o un virus. Mientras no se logre restablecer la salud pública, la economía permanecerá sometida a los 'infartos' de los confinamientos y no podrá recuperarse de forma plena.

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Pero esto son los efectos a corto plazo. Lo que me interesa aquí es trasladarles la idea de que una economía pandémica deja cicatrices duraderas: puede reducir la capacidad de crecimiento a largo plazo de la economía y empobrecer a las nuevas generaciones de niños y jóvenes.

Por un lado, la pandemia dejará cicatrices mentales en las personas, en el sentido de que esta experiencia dramática y el miedo a que vuelva a ocurrir en cualquier momento nos hará más austeros al consumir y más avariciosos al ahorrar. Esto, que en el plano individual puede ser una virtud, cuando lo hacemos todos a la vez hunde la economía. La conducta económica recelosa de nuestros abuelos y padres fue el resultado de la impronta que en su mentalidad dejó la gran depresión, la guerra mundial y nuestra guerra civil. Mientras no se despeje la incertidumbre que provoca la pandemia y el miedo a que pueda reproducirse o llegar otras nuevas (el cambio climático), la economía no se recuperará de forma plena.  

Efectos negativos a largo plazo

Por otro lado, la pandemia deja también cicatrices sociales duraderas. Déjenme hacer referencia solo a una de ellas. La pérdida de escolaridad de nuestros niños y jóvenes perjudicará su productividad futura. Como consecuencia, sus ingresos disminuirán en relación con generaciones precedentes. Aumentará la pobreza y la desigualdad. Y el crecimiento de la economía se debilitará. Estos efectos negativos a largo plazo no los estamos teniendo en cuenta.

¿Son inevitables estas consecuencias negativas de las cicatrices que deja la pandemia? Creo que no necesariamente. Por un lado, hay que hacer todos los esfuerzos necesarios para mantener abiertas las escuelas. Los beneficios son muy superiores a los riesgos. La escuela no puede sustituirse por la formación a distancia, especialmente en hogares pobres. A las edades iniciales, la escuela es algo más, ¡mucho más!, que un instrumento para transmitir conocimientos. Es el crisol en el que se forja la socialización y se construyen las capacidades personales para lograr una vida autónoma, libre y exitosa.

Por otro lado, los gobiernos, a la vez que siguen apoyando a las familias y a las empresas con medidas fiscales, financieras y laborales, tienen que hacer todo lo posible para despejar la neblina de la incertidumbre que frena las decisiones de las empresas y de los hogares. Una forma es garantizando la salud pública. Otra es definiendo una hoja de ruta para la reconstrucción económica y social. El uso equitativo y eficiente de los fondos europeos Next Generatión UE será decisivo.  

Me pregunto si el hecho de que España sea el país en el que con mayor intensidad ha rebrotado el virus del colvid-19 no tendrá algo que ver con que es también el país donde más ha aumentado la desigualdad y la pobreza. Detrás de las cifras agregadas de contagios, vemos que la geografía urbana de la pandemia coincide con la de la pobreza. Tenemos que hacer de la necesidad, virtud. La pandemia es una oportunidad para reconstruir la economía con nuevos derechos sociales que erradiquen la pobreza y la mala salud. Todos nos beneficiaremos.