Desde Santa Coloma

El estigma autoinfligido

Santa Coloma se desvive por la construcción de una imagen amable y moderna y, en cinco minutos de televisión, se presenta ante el mundo como una suerte de escenario posapocalíptico digno del mítico programa 'Cops'

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Coche de la Policía Local de Santa Coloma de Gramenet.

Coche de la Policía Local de Santa Coloma de Gramenet. / Policía local de santa coloma

No hace falta que disimulen, sé lo que están pensando. Santa Coloma y su estigma. En la película de Miguel Picazo 'Extramuros', basada en una novela de Jesús Fernández Santos, una monja interpretada por Mercedes Sampietro simulaba tener las llagas de Cristo en la palma de las manos para salvar su convento. La cosa salía mal. Autolesionarte nunca es una buena idea. 

Hace unas semanas nos despertamos con el reportaje que un periodista del programa de Ana Rosa había llevado a cabo haciendo la patrulla nocturna en un coche de la USIR, una unidad especial de la Policía Local creada recientemente para actuar contra la delincuencia. Allí, el periodista era testigo de un festival de actividades donde se mezclaban robos, violencia de género, conductas incívicas, rematada con una entrevista a un supuesto delincuente reincidente que confesaba una maldad sin remordimiento. Sensacionalismo del bueno.

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Santa Coloma y su fama. Santa Coloma y los barrios de extrarradio. Santa Coloma y esa ciudad trabajadora salida del fango, como dijo la periodista local Odei A.-Etxearte. Una ciudad que se desvive por la construcción de una imagen amable, moderna, abanderada de la solidaridad, la música y el feminismo y que, en cinco minutos de televisión, se presenta ante el mundo como una suerte de escenario posapocalíptico digno del mítico programa 'Cops'.

No hace falta que disimulen y que nos miren como si no supiéramos lo que piensan. Sabemos qué es Santa Coloma. Las calles colomenses son una barbaridad de gente, de culturas, de historias de vida alucinantes, de pobreza y dignidad trabajadora. Una ciudad con mucho avanzado desde el desastre de su crecimiento desordenado, pero también con mucho por hacer. Por eso, como le dijo una vez Alfredo Di Stéfano a su portero durante su etapa de entrenador en el Valencia CF: “No te pido que pares las que vayan dentro, pero por lo menos no te metas las que van fuera”. No hagamos como la monja y nos provoquemos los estigmas nosotros mismos, por favor.