27 oct 2020

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75º aniversario de una organización global

Sede principal de la ONU.

Europa Press

El final de una gran idea

Rafael Vilasanjuan

LA ONU llega a sus 75 años inmersa en una gran crisis de funcionamiento e incapaz de dar respuesta a los grandes retos mundiales

Que me perdonen los que cumplen ahora 75 años. A los que ya han llegado a esa edad y tengo cerca los veo mucho más activos que a los que tenían esos mismos años hace dos o tres generaciones. Que me perdonen porque a ellos no los veo viejos, sino con toda su capacidad para seguir dejando jirones de experiencia por delante. A Naciones Unidas, en cambio, lo que le ocurre es que con esa misma edad ya está vieja.

La ONU fue una magnífica idea para asegurar las respuestas que trascienden a los intereses de cada uno de los países y buscar una cierta estabilidad global, pero a sus 75 años los retos multilaterales aumentan y en cambio hay un déficit alarmante de soluciones. Hace 75 años el mundo que consiguió sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial se conjuró para construir unos mecanismos capaces de frenar intereses económicos o expansivos que nos llevaran a una nueva guerra global.

No solo fue Naciones Unidas, los mecanismos que se crearon entonces para control del riesgo, como los acuerdos de Bretton Woods, el Banco Mundial o incluso la Unión Europea han hecho posible una globalización fundamentalmente democrática y económica a salvo de grandes guerras globales. Pero a partir de ahí, la ONU, el pilar de toda esa arquitectura creada para dar solución a los grandes problemas, ha sido incapaz de adaptarse. Desde el cambio climático a los movimientos de población, incluyendo el éxodo de refugiados, la salud de planeta con sus océanos y bosques amenazados o la salud global son solo alguno de los retos a los que se una organización asediada es incapaz de dar respuesta. Hoy todos estos retos condicionan la seguridad global mucho más que una guerra.

Desconfianza

El covid-19 es solo un ejemplo de cómo los países han dejado de confiar en organismos multilaterales y en particular en agencias de la ONU como la Organización Mundial de la Salud. En el momento en que un virus microscópico es capaz de hundir la economía y descomponer en piezas el puzle global, es cuando más falta haría volver a pensar en organizaciones capaces de unir intereses. Como después de la Segunda Guerra mundial, hace falta un pacto entre países para crear nuevos mecanismos de acción conjunta capaces de alcanzar compromisos. Pero parece difícil en un momento en que el país que abrió el multilateralismo se muestra mas agresivo y unilateralista que nunca y buena parte del mapa global se ha llenado de tribus esteparias y nacionalismos trasnochados, de los que sabemos a qué son capaces de llevarnos.

Con ellos la ONU ha entrado en vía muerta. Sus lobos saben bloquear cualquier salida cuando hay decisiones que no les satisfacen y así la organización languidece entre críticas. El aniversario podía haber sido la ocasión para anunciar una reforma sustancial, mas que para constatar el final de una gran idea. Hay que apostar por un nuevo multilateralismo, pero lo cierto es que 75 años después la celebración telemática solo ha puesto de manifiesto que la ONU no funciona, ahora que es cuando más falta haría.