30 oct 2020

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Desde L'Hospitalet

Un gato, estirado en las instalaciones del Museo de Historia de L’Hospitalet.

JORDI SERRALLONGA

Gatos de L'H

Jordi Serrallonga

La pandemia del covid-19 nos llevó a dique seco, y una metamorfosis me transformó en gato solitario

En las postrimerías del servicio militar obligatorio, inmerso de pleno en la universidad, entré como objetor de conciencia en el Museo de Historia de L'Hospitalet. Hice buenas migas con el gato solitario, e ilustrado, del patio. A media jornada, tras documentar un buen puñado de piezas, salía del viejo edificio –siglo XVI– y allí coincidíamos felino y primate. La conversación era ininteligible, pero compartíamos mimos y aire fresco; hasta que nos separamos.

Al igual que otros amigos hospitalenses, salí a conocer mundo. Gabi Martínez acaba de publicar 'Un cambio de verdad', sobre las ovejas negras extremeñas; pero antes estuvo en Nueva Zelanda persiguiendo aves fósiles gigantes. Gerardo García se fue al zoo de Gerald Durrell, vivió aventuras por Madagascar –entre cocodrilos– y ahora es herpetólogo en Chester. Marcos Carrasco se puso el traje de buzo y «sabe la tira» –como dice la gente de mar– tanto de lo que va por encima como por debajo del agua. Yo me encaminé hacia África para ir en busca de los orígenes de la Humanidad, y de allá salté de continente en continente. Me adentré en el cosmos.

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Quién iba a decir que un microscópico organismo alteraría las cosas. La pandemia del covid-19 nos llevó a dique seco, y una metamorfosis me transformó en gato solitario. Empecé a pasear por L'Hospitalet como uno de ellos: observando desde la distancia. Arisco, ensimismado. Alejándome, aislándome. Una tarde, al enfilar calle Xipreret, desemboqué en el museo. La verja estaba abierta y busque cobijo en el patio. Un rayo de luz calentaba el cuerpo de otro gato solitario (este ilustrado); reposaba su cuerpo sobre restos arqueológicos. Nos miramos y charlamos.

Ayer noche busqué el DVD de 'El mundo en sus manos'. Sin necesidad de palabras, cuando Gregory Peck y Ann Blyth miran el horizonte, mientras se aferran al timón de 'La Peregrina de Salem', sabes que son los amos del mundo. Y aquel gato solitario, de L'Hospitalet, tenía 'El Mundo en sus Patas'. Gracias, amigo; seguiremos navegando.