26 oct 2020

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EL TABLERO CATALÁN

Quim Torra, en el Parlament, visto a través de una barandilla.

FERRAN NADEU

Su 'momentum', nuestro 'momentum'

Josep Martí Blanch

Hay que tener cuidado con los deseos porque a veces se cumplen. Quim Torra inició su presidencia con el estribillo del 'momentum' (esa era la palabra que utilizaba) que serviría para insuflar vida al espíritu del 1-0 y asaltar los cielos de la independencia tras el primer semi intento, por decirlo de algún modo, que lideró Carles Puigdemont.

Fueron muchos los periodistas que salieron del despacho del presidente de la Generalitat durante los primeros meses de su mandato sorprendidos de su firmeza, y cabezonería, puesto que se mostraba autoconvencido de que su final sería la cárcel o el exilio, ya que nadie lograría amedrentarle de hacer lo que tocara hacer cuando las campanas de la historia volviesen a señalar que había llegado la hora de arremeter de nuevo contra el Estado. Y las campanas -decía Torra, con otras palabras- volverán a sonar bajo mi mandato.

Lo más cerca que estuvo el 'president' del 'momentum' fue cuando el Tribunal Supremo hizo pública la sentencia del juicio a los líderes del 'procés'. Torra alentó a los CDR y a Tsunami Democràtic, a los que previamente había animado a apretar, e intentó cesar a su entonces 'conseller' de Interior, Miquel Buch, para dejar claro que estaba al lado de los manifestantes de plaza Urquinaona y no con los Mossos d’Esquadra.

Pero ya entonces el 'president' había aprendido que lo que él pensara o dijera no tenía relevancia alguna porque el independentismo institucional y partidista había decidido de antemano y desde el primer día que no iba a seguirlo en su fantasía ni tan siquiera a la esquina más cercana.

Soledad e inoperancia

El 'president' se ha pasado la legislatura encerrado en la amarga, aunque a veces confortable, soledad e inoperancia. Hasta la llegada de la pandemia había, como mínimo, tres ejecutivos: el del Junts, el de ERC y la Presidencia, esta última vagando por el espacio sideral y con serias dificultades para organizar una agenda merecedora del adjetivo presidencial. Uno para uno y todos para nadie.

En octubre del 2019, justo tras los altercados derivados de la sentencia del TS, lo que debía ser un publirreportaje que diera muestras de la frenética actividad y compromiso de Quim Torra se convirtió, en realidad, en el mejor fotograma para ilustrar que el 'president' de Catalunya se había convertido en un holograma cuando teatralizó, ante las cámaras de TV-3,  el "Quins collons!" ante la negativa de Pedro Sánchez a contestarle una llamada.

El covid-19 ha sido, paradójicamente, un balón de oxígeno para su exigua hoja de servicios. El confinamiento de la población corrió paralelo al desconfinamiento del 'president'. Por primera vez pudo liderar, decidir y acertar en algunas cuestiones.

Pero el 'Quim Torra, levántate y anda' obligado por la pandemia llegó tarde. El 'president' ya había anunciado dos meses antes que el virus nos encerrase en casa que la legislatura estaba agotada, que el Ejecutivo no tenía recorrido político y que tocaba convocar elecciones en cuanto los presupuestos estuvieran aprobados. Era el Torra de ese momento un hombre vencido por la evidencia de que nadie, ni siquiera los suyos, le tenían el mínimo de consideración.

Puigdemont necesita tiempo

Pero el azar es caprichoso. Arreó la pandemia por un lado y los intereses del dueto Carles Puigdemont-Jordi Sánchez por el otro para darle la vuelta a la tortilla de la decisión presidencial de precipitar las elecciones. El covid-19 hizo que Torra se creyera presidente por vez primera y los impulsores del nuevo partido -Carles Puigdemont en los carteles, Jordi Sánchez en la sala de máquinas- necesitan tiempo para ordenarse y acudir a la cita electoral con un artefacto mínimamente engrasado.

Así que, finalmente, el sueño de Torra podrá cumplirse. Y, volviendo al principio de su mandato, tendrá finalmente la oportunidad de vivir el 'momentum' que tanto deseaba en cuanto el Tribunal Supremo se pronuncie su inhabilitación. Sólo que será un 'momentum' descafeinado, derivado de una sandez política en forma de pancarta que, lejos de provocar lo que él soñaba cuando lo ungieron presidente -un nuevo paso sin retorno hacia la independencia-, va a situar nuevamente a las instituciones catalanas en el brete de la interinidad en un momento en el que el país camina, como España entera, hacia la ruina económica, si uno quiere escribir lo que tenemos delante sin echar mano de la vaselina de los eufemismos.

El otro 'momentum'

El 'momentum' particular de Quim Torra está aquí. Va a provocar meses de interinidad gubernamental, peleas de gallos en el Parlament y un nuevo crujir de las hechuras de las instituciones catalanas, solo porque los intereses de un partido y el enroque presidencial han impedido la convocatoria de elecciones. No dejaremos de oír que Catalunya es lo más importante, claro. Pero mientras tanto, el otro 'momentum', el que van a vivir en Catalunya 7,5 millones de personas enfrentándose a una caída del PIB superior al 10%, cierre de empresas, paro y dificultades extremas puede esperar. O así lo cree quien por fin ya tiene lo que soñaba.