27 oct 2020

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análisis

Koeman saluda a Griezmann.

REUTERS / ALBER GEA

Muy poco populista este Koeman

Albert Guasch

No ha vuelto Ronald Koeman a Barcelona para hacer amigos. Carácter duro como el tronco de un roble, el suyo. Empezó por dar un buen disgusto a Messi echando a su querido vecino de Castelldefels (o intentándolo) y continuó con el amigo chileno (pasaporte también pendiente de un sello). Dos decisiones de fortaleza de puertas adentro. Ahora ha tomado otra de desgaste externo. Nadie podrá acusarle de populista.

Al prescindir de Riqui Puig ha tocado una fibra sensible de la masa social, apegada emocionalmente a los valores emergentes de la Masia, quizá porque ha sentido que no se la ha cuidado como correspondería en los últimos años. Puig, menudo, fibroso, dinámico, luce en algunas promociones institucionales y tanto su juego como su aura parecen enlazar con aquel añorado centrocampista de raíz local que representaban Xavi Iniesta. Había una ilusión alrededor de su figura transversal pero no unánime. 

Discurso guionizado

Riqui, de 21 años, no ha seducido a los técnicos de la forma que lo ha hecho con los aficionados, pese a haberle visto poco. Ayer parecieron producirse desmayos en las redes sociales. Puede intuirse que Koeman ha perdido a un buen número de followers antes siquiera de encajar la primera derrota. Pero nadie puede reprocharle que no hable todo lo claro que se le presuponía. Los jóvenes necesitan jugar y aquí lo tienen complicado, dijo, evidenciando que los resultados urgen como una nómina a fin de mes.

Antes rompió su silencio Bartomeu para decir que no pasa nada, que ciertamente son muchos los socios que desean su expulsión, pero que ya veremos qué ocurre con la validación de las firmas, y paso a paso, sin dramas, aunque en realidad pareció más nervioso y su discurso más guionizado de lo habitual. Bartomeu vive al día como nunca, consciente ya de que le quedan pocos en el palco. Salvo sorpresa en el recuento, el adiós prematuro va cobrando cuerpo.