21 oct 2020

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NÓMADAS Y VIAJANTES

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una comparecencia de prensa en la Casa Blanca.

EVAN VUCCI (AP)

Un 'cerebroplanista' en la Casa Blanca

Ramón Lobo

La catástrofe climática y las pandemias están unidas en el cerebro de Donald Trump, y en gran parte de sus seguidores, entre los que se encuentran empresas e inversores a los que les va bien el estatus quo, aunque conduzca a la desaparición de la especie. Para cuando llegue, ellos ya no estarán. Es el cortoplacismo de la base de un sistema que nunca piensa en personas.

Para el presidente de EEUU son exageraciones izquierdistas. Sostiene que el cambio en el clima es parte del ciclo natural de la tierra. No influye la mano del hombre pese a las evidencias científicas que sostienen lo contrario. Un ejemplo: los niveles de dióxido de carbono, que son los que generan el efecto invernadero, son los más altos en 800.000 años.

El año pasado fue el segundo más caluroso desde que se empezó a registrar la temperatura global en 1890. La temperatura está 1,15 grados por encima de la media preindustrial. Todos nos damos cuenta de los cambios. Cualquiera menos los cerebroplanistas y su comandante en jefe, Donald Trump. Unos porque no necesitan la verdad, prefieren el bulo; el otro, porque es un narcisista manipulador, dos rasgos de la personalidad de los dictadores. Trump aún debe someterse a la división de los poderes. Veremos qué pasa si gana.

Fuegos devastadores

El calentamiento es el responsable de la multiplicación de incendios, la desaparición de glaciares, el aumento de los huracanes de categoría 5 y la subida del nivel de los océanos. Un mar más caliente pondrá en peligro la vida marina. Ya hay desplazados y refugiados climáticos. Este año, que recordaremos como el de la pandemia, arrancó con incendios en el sureste de Australia, los peores en 25 años. Devastaron más de 18 millones de hectáreas, muchas de ellas de bosques. Millones de animales perdieron la vida. Fue una catástrofe, como lo fueron los 40.000 fuegos que asolaron parte de la Amazonia en verano de 2019.

Tres estados de la costa Oeste de EEUU sufren estos días los peores incendios en dos décadas. Han forzado el desplazamiento del 10% de la población de Oregón. Su extensión y virulencia están relacionados con el cambio climático, un eufemismo que sustituye a catástrofe o crisis climática. Para Trump es culpa de los gobernadores demócratas que no limpiaron los bosques. Otra mentira: el 58% de los bosques de California están bajo responsabilidad federal.

Negacionista del covid-19

Tampoco cree en la gravedad del covid-19, que ha matado a cerca de 200.000 estadounidenses desde febrero. Es un negacionista total. Siempre enfrentado a la ciencia y a la razón. No cree en las mascarillas ni en los confinamientos. El presidente está enfadado con Robert Redfield, director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades. Le molestó que dijera que no habrá una vacuna fiable hasta mediados de 2021 y no antes de las elecciones.

La aniquilación de bosques y zonas de vida animal salvaje nos han expuesto a la transmisión de enfermedades desconocidas. Los científicos estiman esos animales albergan unos 40.000 virus, de los que un 25% tienen el potencial para saltar a humanos. Lo explica Ed Yong en un texto titulado How the Panemic Defeted America, publicado en agosto en la revista The Atlantic. Y hemos tenido suerte con el covid-19: es menos mortífero que la gripe que mató entre 30 y 50 millones de personas en todo el mundo en 1918. Los avances de la medicina (la ciencia que desprecian los cerebroplanistas) ha permitido una mejor respuesta, pese a que los errores de los gobiernos han sido similares. No aprendimos de la mal llamada gripe española. Su memoria y enseñanzas quedaron enterradas bajo las dos guerras mundiales.

Ser capaces de trabajar con hechos nos protegerá de la siguiente pandemia, que no tardará cien años en llegar. La memoria es un arma poderosa que entra en el catálogo de negaciones. Sucede en España con el franquismo. La serie documental Pandemic (Netflix) refleja el esfuerzo de los científicos, y de donantes como Bill y Melinda Gates, para lograr una vacuna universal para la gripe común y protegernos ante cualquier pandemia. Su principal sospechoso es una cepa de gripe aviar con potencialidad de matar al 30% del planeta.

Los líderes no están para negar la realidad, sino para anticiparse a las consecuencias de la falta de previsión. El 3 de noviembre nos jugamos muchas cosas en las elecciones presidenciales de EEUU. Además de la democracia, arriesgamos el planeta. Hay que cambiar de rumbo antes de que el daño sea profundo e irreparable. Usted no vota allá, pero tiene voz. Úsela cada día.