28 oct 2020

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Acoso, fetua y misoginia

Acoso, fetua y misoginia

Lucía Etxebarria

Se conoce como «acto de precaución» la conducta de un delincuente que pretende confundir o equivocar una investigación.


Joaquín Ferrándiz Ventura violó a una mujer, asesinó a otras cinco y agredió a dos más. Cuando la policía registró su casa encontró, además de la cinta adhesiva que había utilizado para amordazar a sus víctimas, fotos que se había hecho vestido de mujer. 

Dennis Radder, más conocido como BTK, asesinó a diez personas. Dos de ellas, niñas de 9 y 10 años. Cometió sus crímenes vestido de mujer. 

Donna Perry asesinó a tres mujeres. En realidad, se llama Doug. 

Beate Schmidt asesinó a cinco mujeres y a un niño. Nació como Wolfgang. 

No puedo hacerles la lista de todos los asesinos en serie que actuaban vestidos como mujeres o se autoidentificaban como tales. Es una lista inmensa, y yo solo tengo 3.200 caracteres.

Joaquín Ferrándiz violó a María José con extrema violencia. En 1995, fue puesto en libertad condicional tras una campaña de sus amigos y familiares que reclamaron su inocencia. Esta campaña supuso, por supuesto, otra campaña paralela de acoso contra María José, que recibía cartas de la madre de Joaquín acusándola de «niña mentirosa, cruel y despiadada».

Esta última semana corrió el rumor de que JK Rowling había escrito un libro en el que había un asesino transexual. Los internautas reaccionaron ante un rumor como un solo hombre (el perro de Pavlov habría tenido más criterio) y el 'hashtag' #RIPJKRowling fue 'trending topic' durante dos días.

Por fin ha salido a la luz el artículo del crítico de 'The Spectator'. En el que explica que en una novela de 900 páginas no se menciona una sola vez la palabra transexual o transgénero. Que solo se narra que el asesino adopta lo que en criminología se conoce como «acto de precaución»:  la conducta realizada por un delincuente antes o después de un delito que pretende confundir o equivocar una investigación. En este caso, que en una ocasión el asesino huye camuflado con una peluca y un abrigo de mujer. Con su ropa de hombre debajo, por si no quedara claro. 

Pero, ¿para qué estropear una buena campaña de acoso con la verdad?

Twitter ya estaba saturado de amenazas a la escritora. Amenazas de muerte, de violación. De boicot. Vídeos de quema de sus libros ('Fahrenheit 451 revisited'). Y muchos, muchos mensajes destinados a ella con el ya famoso lema 'Suck my girl dick' ('chúpame mi polla de chica') aderezados con fotos de miembros enhiestos.

Si algún día quiero escribir una novela sobre el asesino de Castellón (que mató a cinco mujeres, agredió a otras dos, y violó a una octava, pero saldrá libre en el 2003) no podré contar nada sobre las fotos, o sobre que fantaseaba con que vestirse de mujer, o matar a mujeres, le permitiría simbólicamente, librarse del yugo de su opresiva madre. No podré ser libre, ni siquiera podré ser fidedigna.

En el entorno de mi hija, una chica  narró que se había quedado dormida en una fiesta y que se había despertado con el chico popular de la clase jadeando encima. Lo siguiente fue un acoso bien organizado: Amenazas, 'fotopenes', insultos, mentiras campaña de desprestigio. 

La misma campaña de acoso y desprestigio que sufrió María José en 1995. Pero amplificada por medios tecnológicos, como le ha sucedido a Rowling en el 2019.

En España un 42% de los usuarios de Twitter son menores de 18 años.  Los adolescentes repiten lo que ven.

Estamos entrenándoles en el acoso. Y legitimándolo.