Desde Sant Antoni

Postales de realidad

En el barrio hay mucha gente desesperada y la cola de personas del comedor social de Paral·lel se alarga a diario

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Calle de Marquès de Campo Sagrado, donde hubo el intento de ocupación. 

Calle de Marquès de Campo Sagrado, donde hubo el intento de ocupación.  / JORDI COTRINA

En septiembre siempre recibimos alguna postal que mandan los amigos nostálgicos.  Pero este verano la gente no ha salido del país, así que las postales no han llegado. Este verano en el barrio lo que hemos tenido han sido postales de realidad.  Les cuento la que más me ha impactado. Fue la tarde del 2 septiembre. Mis dos retoños y yo andábamos por Sant Antoni todavía en 'shock' de tanto coche, tanta suciedad y tanta policía, después de pasarnos unos días en un pueblo tranquilo, ajenos al covid y a la miseria que ha dejado a su paso.

Esa misma tarde, en el Mercat de Sant Antoni había cuatro furgonetas de Mossos. No me atreví a preguntar qué pasaba, porque eran muchos y bajo las mascarillas se adivinaban caras de pocos amigos. Así que continué, quedándome con la intriga.

Llegamos a casa, y en el portal de al lado había cuatro agentes de los Mossos d'Esquadra. Y ahí ya me piqué y me acerqué a preguntar: “¿Saben qué ha pasado en el Mercat de Sant Antoni?”. La respuesta fue un “no” seco y huraño. Pero yo ya me había lanzado, y quería saber por qué había tanta policía por todo el barrio. “¿Y aquí? ¿Qué está pasando?”. “Nada”, contestó el agente simpático.  “Mira, mamá, tienen pistolas de agua”, exclamó mi hijo sin apartar la vista de los policías. Y sentí cierto alivio al comprobar que el retoño mayor todavía conserva su inocencia y su candor. Y nos fuimos a casa sin respuestas.

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Al día siguiente, en este mismo periódico, descubrí lo que pasaba en el portal de al lado: 'Los Mossos usaron una pistola eléctrica en una ocupación en Barcelona'. Un hombre de 52 años había ocupado un piso y amenazó con suicidarse si le obligaban a irse. Así que los mossos le sacaron a fuerza de pistola eléctrica. No averigüé qué pasó esa tarde en el Mercat de Sant Antoni, solo sé que en el barrio hay mucha gente desesperada y que la cola de personas del comedor social de Paral·lel se alarga a diario. Mientras tanto, en la calle del Parlament, los bares siguen a rebosar de hípsters tomando vermut.