24 sep 2020

Ir a contenido

Análisis

Quim Torra, en el Parlament, visto a través de una barandilla.

FERRAN NADEU

La triste despedida del 'president' Torra

Enric Marín

Si no convoca elecciones degradará el valor institucional de la Generalitat, pero aún lo podría empeorar si jugase a la ficción de mantenerse simbólicamente en el cargo

La primera jornada del debate de política general no ha reportado ninguna sorpresa destacable. Las cartas estaban marcadas y la pólvora húmeda. Ni el presidente Torra ha aprovechado la ocasión para anunciar el calendario electoral, ni la oposición estaba en las mejores condiciones para cebarse con la gestión de la pandemia. Todos son conscientes de que ya estamos en tiempo de descuento. De hecho, estamos en tiempo de descuento desde que el 29 de enero el presidente Torra anunció el agotamiento de la legislatura. Es público y notorio que Torra hubiera querido poder hacer efectiva la potestad presidencial de convocar elecciones. Pero se ha aplanado a la voluntad del 'ex' Puigdemont de alargar agónicamente el tiempo de descuento.

Sobre el papel, el estado de provisionalidad en el que está instalada la política catalana significaba una oportunidad dorada para someter a una crítica implacable la gestión del Gobierno de la Generalitat. Pero ahora todo pasa por el tamiz de la gestión de la pandemia y la realidad es tozuda. Ni el PSOE, ni Ciudadanos, ni el PP están en condiciones de sacar pecho. La situación excepcional vivida en el Segrià las primeras semanas estivales creó el espejismo temporal de una gestión calamitosa por parte del Gobierno de la Generalitat. Pero a medida que han pasado las semanas se ha podido ver cómo se iba dibujando un mapa muy diferente. En la contabilidad de casos por cada 100.000 habitantes Catalunya (137,96) está muy por debajo de la media española. El poco deseable top (más de 300 casos) lo ocupan Aragón (340), País Vasco (346), La Rioja (383), Navarra (501) y Madrid (651). Aragón y La Rioja están gobernadas por el PSOE, Navarra por una coalición liderada por el PSOE, y el País Vasco por una coalición entre PNV y PSOE. Pero el gran desastre, el agujero negro, lo encontramos en el Madrid del pacto del PP y Ciudadanos, con el apoyo externo de Vox.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

La gestión del Gobierno liderado por Ayuso ha sido y es tan catastrófica que, junto con la 'operación Kitchen', se ha convertido en el principal lastre de un Pablo Casado que cada día se enfrenta a un panorama más complicado. En este sentido hay que reconocer que Torra ha sido hábil centrando su intervención en la prioridad de la lucha contra la pandemia. Pero al no ejercer su facultad de convocar elecciones, tal y como solemnemente había prometido, ha reforzado el triste imaginario de presidente vicario. Lo que se ha escenificado en el Parlament entre Torra y la oposición es un empate de impotencias. La impotencia de una oposición atrapada en la voluntad de escarnecer el proceso de autodeterminación con más o menos habilidad, pero sin ningún proyecto alternativo. Y la impotencia de un presidente que ve cómo se acerca la hora de su inhabilitación por haber protagonizado un fallido y estéril simulacro de desobediencia institucional.

Si el presidente Torra no convoca elecciones degradará el valor institucional de la Generalitat. Esto parece que ya no tiene solución. Pero aún lo podría empeorar si se prestara a participar en un nuevo simulacro de desobediencia institucional jugando a la ficción de mantenerse simbólicamente en el cargo.