27 sep 2020

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El laberinto catalán

Oriol Junqueras y Marta Rovira, en una imagen del 2017

ACN / NÚRIA JULIÀ

El engañoso discurso de ERC

Joaquim Coll

Los republicanos quieren atraer al votante metropolitano y castellanohablante con la promesa de que con la independencia se resolverán todos los problemas

Vale la pena analizar el nuevo discurso de los republicanos ya que todas las encuestas los señalan como ganadores en unas próximas elecciones autonómicas. También porque su dirección rechaza categóricamente cualquier otra opción que no sea seguir gobernando con las otras fuerzas independentistas, incluso aunque los de Carles Puigdemont les volvieran a arrebatar el primer puesto en el espacio soberanista. Y es preciso someter a crítica el discurso de los republicanos porque no podemos olvidar que, bajo el liderazgo de Oriol Junqueras y Marta Rovira, jugaron un papel determinante en la desastrosa marcha del 'procés'.

Si hubo DUI en octubre del 2017, haciendo inevitable la aplicación del art. 155 y la querella por rebelión que interpuso poco después la Fiscalía (con la entrada en la cárcel de los líderes del 'procés' que decidieron quedarse en España), fue porque ERC amenazó a Puigdemont con abandonar el Govern si convocaba elecciones y le acusó de traidor. La actitud irresponsable de Junqueras no puede ser olvidada ni juzgada con benevolencia, por mucho que él ahora apueste por darle más tiempo al objetivo secesionista en busca del apoyo social del que carecía hace tres años y, menos aún, confundir su pragmatismo actual con una verdadera aceptación de las reglas democráticas.

Un montón de errores de apreciación

Al margen de si uno es o no independentista, es necesario someter a critica el comportamiento de un partido, pero sobre todo de unos líderes que ahora reconocen en 'Tornarem a vèncer (i como ho farem)' haber cometido un montón de errores de apreciación sobre la viabilidad de la secesión, sin que extraigan de ello reflexiones de calado. ¿Acaso la situación judicial de ambos les exime de su responsabilidad política por cuantas decisiones tomaron? Puede un votante independentista que conserve un mínimo de espíritu crítico no pensar que le engañaron cuando lea en dicho libro que “la unidad estratégica [entre los dos partidos del Govern] no se produjo de verdad hasta que fuimos capaces de ponernos de acuerdo en el referéndum”, aunque más adelante se reconozca también que esa unidad fue muy fugaz porque “no se acordó” qué harían después. O sea, que cuando dos años antes ERC y CDC concurrieron bajo una misma lista electoral (JxSí) y un programa en el que prometían nada menos que la independencia en 18 meses, no había unidad de ningún tipo sino puro tacticismo partidista. Es indignante que ahora reconozcan que no tenían mayoría social para la secesión, y que pese a ello siguieran adelante hasta los plenos del 6 y 7 de septiembre, el referéndum del 1-O (carente de “legitimidad interna”, en palabras de Rovira) y finalmente la 'fake DUI'.

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El problema no es que todo eso no lo supieran sino que, por un lado, confiaban en que los convergentes acabarían apeándose del juego de la gallina unilateralista y, por otro, en términos estrictamente democráticos, les daba igual, porque el objetivo era provocar una respuesta violenta del Estado para seguir ganando posiciones por la vía de la victimización. Cuando Junqueras y Rovira hacen la lista de errores reconocen que nunca pensaron que los catalanoespañoles saldrían a la calle masivamente como hicieron el 8 de octubre (“y, además, muy enfadados”, escriben), pues creían en que tras años de apabullante propaganda soberanista se mantendrían pasivos. En definitiva, cuando llegó el momento de la verdad reconocieron por fin el riesgo del enfrentamiento civil que hasta entonces habían negado.  

La estrategia de ERC para los próximos años fija como objetivo arrebatar votos al “unionismo”, particularmente al PSC en las zonas metropolitanas de Barcelona y Tarragona, “que es donde se libra la partida definitiva entre Catalunya y el Estado español”, escriben. Los líderes republicanos explicitan que hasta que el independentismo no disponga de “mayor homogeneidad territorial” y el 50% de los votos, no podrán volver a intentarlo. La unilateralidad, pues, solo se aplaza para alcanzar más fuerza demográfica y menor oposición interna. Con ese objetivo, ERC va a acentuar su discurso engañoso para atraer a ese votante metropolitano y castellanohablante con la promesa de que con la independencia se resolverán todos los problemas, que su bienestar está penalizado por el “espolio fiscal” y la actuación de un Estado hostil, aunque paradójicamente Catalunya sea la autonomía que menos invierte en políticas sociales. Y si los republicanos juegan a apoyar al Gobierno español de izquierdas es solo con el propósito, también confeso, de certificar antes o después su fracaso porque, claro está, solo el referéndum y la secesión les será suficiente.