24 oct 2020

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El conocimiento a través de la curiosidad

Viajar y explorar... siempre

CONTE

Viajar y explorar... siempre

Jordi Serrallonga

Sin límites ni fronteras, movidos por la curiosidad, podemos convertirnos en trovadores de un viaje real, o virtual

Viajar y explorar pueden parecer actividades reservadas a ciertos destinos, objetivos y colectivos humanos minoritarios. La realidad es otra.

Una hembra de elefante africano emprende la marcha desde el Kilimanjaro hasta el lago Natron; 80 kilómetros en línea recta, pero –tras varios rodeos– la distancia recorrida será mucho mayor. Un viaje en toda regla; es un animal cultural y ha decidido libremente –no estaba codificado en los genes– iniciar su singladura. Va en busca de alimento y a lo largo del camino, tentada por la curiosidad, se detendrá en parajes que esconden nuevos recursos a la vez que olores, sonidos y sensaciones diferentes. Todo quedará registrado en la memoria para siempre. Una aventura también salpicada de contratiempos: el encuentro con cazadores furtivos –es portadora de una valiosa carga... el marfil–, enfermedades y sequías. En definitiva: la expedición del elefante no tiene nada que envidiar a un 'safari' («viaje» en suajili) de Mary Kingsley o David Livingstone.

También en pos de sustento, hace más de un millón y medio de años que nuestros ancestros fósiles –'Homo ergaster'– deambularon por África para, finalmente, colonizar otros continentes; así tenemos al 'H. erectus' en Asia, o los 'H. antecessor' 'H. heidelbergensis' en Europa. Después le tocaría el turno a 'H. sapiens'. Este ya fletó la mayor agencia de viajes conocida pues, desde la primera Eva mitocondrial africana, no solo poblamos Eurasia, sino que llegamos a Oceanía y América. La Antártida era demasiado inhóspita y la reservamos para posteriores expediciones geográficas y naturalistas protagonizadas por Amundsen, Scott, Shackleton y la oceanógrafa Josefina Castellví. Precisamente, el conocimiento ha avanzado gracias al viaje. Charles R. Darwin y el 'HMS Beagle', o Valentina Tereshkova y la 'Vostok 6', revolucionaron la ciencia.

Aun así, seguimos empeñados en ligar el acto de viajar con la industria turística cuando, en realidad, el viaje va mucho más allá del concepto 'vacaciones'. Las migraciones animales –hormigas, flamencos, ñus, cebras o ballenas– son indisociables de la evolución biológica. La subsistencia, en la mayoría de seres vivos, depende de los desplazamientos por el territorio. Y esto incluye a las personas que huyen de hambrunas, catástrofes naturales, genocidios y guerras; el relato individual de los mismos ocuparía infinitos estantes sobre literatura de viajes. Y es que viaje es la navegación del etnógrafo noruego Thor Heyerdahl, y su equipo, a bordo de la mítica balsa 'Kon-Tiki', pero también la de cualquier emigrante abandonado en una pequeña y anónima patera a merced del océano.

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En paralelo, para millones de terrícolas el viaje es indisociable de su profesión: comerciales, marineras, transportistas, actrices, pilotos de aviación, periodistas, etcétera. Lo dicho: circunscribir el viaje a las vacaciones, o al descanso, es un error. Del mismo modo que es erróneo pensar que el viaje solo adquiere dicha categoría cuando el objetivo es exótico o lejano.

Inmersos en las consecuencias y vicisitudes de la pandemia del SARS-CoV-2, muchas personas se han sentido frustradas por no haber podido cumplir, durante sus vacaciones, con el sueño de un vuelo intercontinental o conducir con destino a un país europeo, o provincia vecina; se mezclan aspectos sanitarios, sociales y económicos pero cabe señalar que nuestros movimientos –y no solo ahora con la pandemia sino en todo momento–, independientemente del espacio y tiempo, pueden acabar siendo viajes de exploración. Tan solo hace falta que, de forma parecida a los naturalistas, geógrafos, cosmonautas y navegantes que nos han hecho soñar, abramos la mente con ganas de conocer.

He visto y descubierto cosas maravillosas vagabundeando por las calles de mi barrio, en el trayecto de metro camino al trabajo, o en las salas de un museo. La cámara y los teleobjetivos –o todo compactado en el móvil– pueden acompañarnos por esos mismos escenarios al igual que lo harían en un safari fotográfico o un crucero, y el cuaderno de bitácora no sabe de latitud ni longitud: somos libres de escribir donde sea. Y si no podemos viajar físicamente hagámoslo con la mente. Personajes como Jules Verne no pisaron la totalidad de tierras que describieron en sus novelas. Viajaron con la imaginación y lo plasmaron para que, hoy, podamos simplemente seguirles mediante la lectura. Nos invitan a convertirnos en los trovadores de nuestros propios viajes y exploraciones reales y virtuales. Sin límites ni fronteras... solo movidos por la curiosidad.