27 sep 2020

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Efectos de la caída del consumo

Terraza de un chiringuito de playa de Barcelona, el pasado 25 de mayo.

Europa Press / David Zorrakino

Los ricos han dejado de gastar

Antón Costas

El exceso de ahorro improductivo está debilitando la demanda agregada de la economía, provocando el cierre de negocios y destruyendo el empleo de las personas que más lo necesitan

Aunque tradicionalmente un nuevo año comienza en enero, el año económico y social real comienza en septiembre con la vuelta al trabajo y a las escuelas tras las vacaciones de verano. Es el momento en que hacemos planes y nos marcamos objetivos para la próxima etapa. Parece oportuno, por lo tanto, que nos preguntemos cómo será el nuevo curso económico.

Utilizando el lenguaje de los médicos, con el que nos hemos ido familiarizando a lo largo de la pandemia, mi pronóstico es que estamos ante un curso pandémico, sometido a los efectos de pequeños 'infartos económicos'. Lo más probable es que no sean infartos hemorrágicos, los más peligrosos, como el que tuvimos durante el estado de alarma, sino infartos isquémicos, es decir, trombos económicos que paralizarán temporalmente algunas actividades en partes del territorio nacional.

La razón es que, a pesar del ruido y de la lógica preocupación que está produciendo el aumento del número de contagiados en algunos lugares de España, la situación sanitaria no es equiparable a la de los meses que provocaron la declaración por el Gobierno del estado de alarma.

Traducido a lenguaje económico, en este nuevo curso continuará la recuperación económica y del empleo iniciada en junio, aunque a menor ritmo. El rebote del tercer trimestre (cuyos datos oficiales conoceremos este mes) no será un “rebote del gato muerto”. Aunque mi cocimiento acerca de la vida de los gatos es limitado, en economía utilizamos esta expresión para describir el comportamiento de una economía que tras una caída vertiginosa de la actividad, toca fondo y rebota, pero no porque esté viva, sino por el simple efecto de la inercia del golpe. En nuestro caso, el gato está vivo, aunque contusionado y dolorido.

Los sectores más afectados

Siguiendo con la metáfora médica, la reducción del ritmo de la recuperación tiene que ver con los efectos provocados por los infartos isquémicos que afectan especialmente a las actividades relacionadas con el turismo, la hostelería, la restauración, el comercio y las actividades culturales y de ocio. Mientras estos sectores no puedan recuperar plenamente su actividad, el perfil de la recuperación será el del símbolo de la raíz cuadrada.

La incorporación plena de esos sectores no se producirá hasta que se logre controlar los contagios y/o tengamos vacunas eficaces para toda la población. Pero, llegado a este punto, quien está en mejores condiciones para pronosticar la recuperación es un epidemiólogo, no un economista. En todo caso, mientras no se consiga garantizar la salud pública, el motor de la economía estará parcialmente 'gripado'.

Pero además del covid-19 hay un factor de naturaleza socioeconómica que está agudizando y retrasando la recuperación. Es el hecho de que los ricos y acomodados han dejado de consumir como lo hacían antes de la pandemia y ahora ahorran demasiado. Este exceso de ahorro improductivo está debilitando la demanda agregada de la economía, provocando el cierre de negocios y destruyendo el empleo de las personas que más lo necesitan.

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La macroeconomía es muy fácil de entender. Se rige por un principio simple: “Lo que tú gastas es lo que yo ingreso; si tu dejas de gastar, yo dejo de ingresar”. En esta situación a la economía le sucede como a un acordeón: la falta de aire lo comprime. Eso es lo que está ocurriendo con la reducción del consumo de los ricos durante la pandemia: la economía se encoge.

Se trata de personas que durante la pandemia han seguido manteniendo sus ingresos, pero como pueden trabajar desde casa o desde las segundas residencias, no van como antes a comer y a cenar a los restaurantes, no viajan, no van a hoteles ni van de tiendas. El efecto es que el consumo agregado de la economía disminuye y se produce un excedente de ahorro. El aumento que están experimentando los depósitos bancarios es una muestra clara de este comportamiento.

Los perjudicados por ese exceso de ahorro de los ricos durante la pandemia son los trabajadores que no pueden trabajar desde casa y los dueños de los establecimientos cuya demanda se ha desplomado. Personas, en general, que no tienen otros recursos que los ingresos de su trabajo para poder subsistir.

No veo cómo convencer a los ricos de que sigan gastando como antes. Pero, en todo caso, más tarde habrá que pasarles la factura con la que pagar las ayudas públicas que ahora se están dando a los trabajadores y establecimientos perjudicados por este exceso de ahorro.