Análisis

La subasta de la vergüenza

La venta al mejor postor de 26 piezas del frente marítimo es una enorme operación especulativa

Si esta operación fuera obra de la Generalitat, la alcaldesa hubiera salido a la carga, no sin razón

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La playa barcelonesa durante un temporal de levante.

La playa barcelonesa durante un temporal de levante. / ANDREU DALMAU (EFE)

El próximo 19 de octubre, si no lo evitamos antes, se hará realidad una de las operaciones especulativas más grandes de la historia de Barcelona. El gobierno del Estado, el que se proclama el más progresista de la historia, venderá a través de una subasta 26 piezas del frente marítimo de la ciudad con un valor de salida de casi 70 millones de euros. El valor final de la venta probablemente signifique unos ingresos para el estado español de entre 100 y 120 millones de euros.

Que el gobierno PSOE-Podemos lleve a cabo esta operación a espaldas de los intereses de Barcelona es un hecho muy grave. Pero todavía resulta más grave la actitud pasiva del gobierno de Ada Colau y Jaume Collboni que se ponen de perfil, con una actitud permisiva e incluso sumisa respecto a sus compañeros de proyecto en el gobierno del Estado.

Desde Barcelona trabajamos y definimos una propuesta en forma de Plan Estratégico del Litoral, acordado por todo el consistorio, que fijaba unos objetivos muy claros de habitabilidad y de sostenibilidad ambiental y económica. Con esta subasta será imposible lograr estos objetivos, porque se perpetuará un modelo caduco y nocivo para la ciudad, evidenciando una vez más que los planes hechos por un gobierno débil acaban en papel mojado.

También quedaron en papel mojado los grandes anuncios hechos por la concejal de Ciutat Vella anterior sobre el cambio de usos en la zona de ocio nocturno de la Barceloneta. La propuesta de cambiar ocio nocturno por investigación y ciencia sonaba muy bien. Pero una vez más la propuesta se plasmó en un titular vacío de contenido y sin el trabajo de fondo que requería. Ojalá el gobierno de nuestra ciudad invirtiera en trabajo la mitad de tiempo que dedica a los anuncios.

De lo que estamos seguros es que si esta operación la llevara a cabo la Generalitat de Catalunya, la alcaldesa y el gobierno municipal habrían salido a la carga, no sin razón, contra esta operación especulativa. Pero resulta curioso y decepcionante a la vez el silencio cómplice del gobierno barcelonés, que siempre se significa contra las operaciones especulativas ya sean públicas o privadas, ante una operación de estas características hecha por el gobierno español.

Quedan pocos días pero todavía estamos a tiempo de parar esta subasta de la vergüenza. Y hay que hacerlo ejerciendo el papel de una ciudad que no acepta ser vendida y mucho menos subastada. Tenemos que exigir que el Estado español pare la subasta y se siente con los representantes de Barcelona para que sea la ciudad quien decida que es lo mejor para sus vecinos y vecinas.

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Texto firmado también por Jordi Coronas (portavoz de ERC en el Ayuntamiento) y Jordi Giró yManel Martínez, que dirigen las asociaciones de vecinos de la Vila Olímpica y la Barceloneta