DERROTA DEL GOBIERNO

Una china en el relato

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, este 9 de septiembre en el Congreso, antes de la sesión de control al Ejecutivo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, este 9 de septiembre en el Congreso, antes de la sesión de control al Ejecutivo. / J. J. GUILLÉN (EFE)

El Gobierno de los golpes de efecto y del tacticismo no ha podido precocinar a su gusto el relato del arranque de este curso parlamentario, que tiene especial relevancia porque es el de la tramitación de unos Presupuestos que están llamados ser los únicos de la legislatura si, pandemia mediante, se aprueban tras dos años de prórroga. La coalición de PSOE y Unidas Podemos perdió este jueves una votación por primera vez desde el abrazo del invierno pasado y perdió con consecuencias que van más allá del simbolismo de eso de estrenarse en las derrotas parlamentarias, que al fin y al cabo los socios solo suman 155 escaños y ya han convalidado 26 decretos.

No fue una votación cualquiera en términos cualitativos porque supone  el fracaso de la primera gran negociación del Ministerio de Hacienda, el que está diseñando las cuentas del 2021 y el que pilota las conversaciones para lograr, según dicen, una mayoría lo más amplia posible que este jueves no asomó por ningún lado.

Pudo haber sido peor. Hacienda hizo un movimiento de última hora que no salvó el decreto pero sí los muebles de la coalición y evitó el completo desastre que habría supuesto que los 'comuns' de Ada Colau rechazasen la propuesta del Ministerio, justo cuando están en plenas discusiones "discretas" entre socios para acordar los presupuestos y todavía con el mal cuerpo que se les quedó a algunos en el Gobierno al oír los silencios indiscretos de Pablo Iglesias en la Cadena Ser.

El vicepresidente quiso en esa entrevista reservarse su opinión a cuenta de decisiones de algunas compañeras de Consejo de Ministros pero a su marca catalana le faltó tiempo tras el debate del decreto para pedirle a Montero la rendición: volver a empezar y presentar otro nuevo que es algo que, a día de hoy, Hacienda y el grupo socialista descartan. La razón es puramente política: creen que debilitan su posición negociadora de cara a todo lo que viene si a la primera de cambio ceden a la presión.

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El revés por la derogación del decreto supone un importante correctivo además para un Gobierno y un partido con clara vocación municipalista y con mayoría en la FEMP. Hay alcaldes socialistas que están que trinan y que, en privado, comparten muchos de los descalificativos que este jueves utilizaban en público los del PP, frustrados por un recorrido del decreto que muchos no terminan de entender y que les deja como estaban desde hace ocho años, con los remanentes inmovilizados pero haciendo frente a la dura realidad cotidiana de una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes.

Solo unos días después de que expirase el estado de alarma, al presidente del Gobierno le exasperó que el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, plantease las urgencias de los ayuntamientos en una reunión de la Ejecutiva del PSOE. Aquello fue noticia porque Pedro Sánchez consideró que ése no era el foro adecuado para abordarlo. Entonces era un debate incómodo y hoy es una derrota sin paliativos. Justo al inicio del guión del nuevo curso, a la Moncloa le sale una china en el relato. Siempre les quedará la 'Kitchen'