Dos miradas

Bassa y el indulto

Admiro la sinceridad de Dolors Bassa, alejada de los maximalismos, cercana a la más íntima necesidad de no tener que sufrir, de no tener que volver a la prisión

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La exconsellera de Trabajo Dolors Bassa saliendo de la prision de Puig de les Basses en Figueres para trabajar en una entidad que presta servicios esenciales.

La exconsellera de Trabajo Dolors Bassa saliendo de la prision de Puig de les Basses en Figueres para trabajar en una entidad que presta servicios esenciales. / Efe

Conozco poco a Dolors Bassa, pero mantengo una relación cordial en la distancia y conozco su entereza y determinación no solo por las cosas que hace o que dice, sino también porque amigos comunes me hablan de ella. Es una mujer con una integridad colosal y es también una persona normal, como tantos de nosotros, comprometida con varias causas, convencida, tenaz. Y también débil, como todos nosotros, que no estamos hechos de materiales puros, sino que vivimos en la impureza y la fragilidad de los días.

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Por eso quería escribir de Bassa, condenada como sabemos a 12 años de prisión. No hace mucho, en una entrevista en RAC-1, dijo: "Yo no quiero ser mártir, no soy Nelson Mandela". Y, en este mismo contexto, a pesar de entender que solo hay una solución política posible que pasa por la amnistía, abogaba a favor del indulto, porque "si con un indulto podemos salir a la calle, ¿por qué me he de quedar en prisión? ". Salir es, para Bassa, la prioridad, "porque la cárcel solo es sufrimiento", y a fe que lo sabe. No habla por hablar. Por ello, admiro esa sinceridad, alejada de los maximalismos, cercana a la más íntima necesidad de no tener que sufrir, de no tener que volver.