27 sep 2020

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opinión

Una madre huyo con su hijos de las llamas en el campo de refugiados de Moria, en Lesbos.

AFP / ANGELOS TZORTZINIS

¿Qué ha pasado en Lesbos?

Rafael Vilasanjuan

La crónica de esta tragedia se venia anunciado desde hace años, sin que nadie haya hecho nada por evitarlo

Hace tiempo que le dimos la espalada al campo de refugiados de Moria en Lesbos. Hace tanto tiempo que se anunciaba la tragedia que cuando ha ocurrido ya no podemos plantearnos porqué. Se incendia el campo, arde Lesbos. El proceso ha sido así.  Con la idea de que los desconocidos que llamaban a la puerta eran el presagio de malas noticias los líderes europeos no tardaron en acordar una respuesta común: cerrar la entrada principal por las islas del Egeo. Solo había una manera de hacerlo, así en marzo del 2016 la Unión Europea llega a un acuerdo con Turquía para transferir 6 mil millones de Euros al Gobierno del presidente Erdogan. El pago se haría en dos plazos, uno en el 2016 y otro en el 2018, una vez asegurado que todo iba según lo acordado. Lo que en principio se justifica como una ayuda para asistir a los tres millones largos de refugiados en tierra turca, esconde una sorpresa mas amarga, un pacto para que Turquía acabe aceptando el retorno de una parte de los que ya han llegado a Grecia.

Con el acuerdo vencido, no se consiguió vaciar las islas griegas y los refugiados que aun permanecían quedaron encerrados, bloqueados en prisiones a cielo abierto como Moria. Al cerrarse las fronteras ya no pudieron ir ni hacia adelante ni hacia atrás, quedaron inmovilizados, en el limbo y sin ninguna esperanza. A partir de ahí la historia es conocida: Europa dio la espalda a Grecia y la dejó a su suerte con los refugiados; Atenas le dio la espalada a Lesbos para que hiciera frente al problema que suponía un campo superpoblado y Lesbos acabó dando la espalada al campo. El resultado es que los mismos vecinos de la isla que al principio se apiadaron de los recién llegados, empezaron a ver en los refugiados el principal foco de enfrentamiento al ver que ya no estaban solo de paso, sino que se quedaban, sin que nadie aportara soluciones.

Poblacón hacinada

Fuera del campo, entre los vecinos apareció la xenofobia y empezaron ataques que nunca antes se habían producido. Dentro, la violencia que genera la desesperanza fue poco a poco en aumento. Una población hacinada, la mitad menores y una buena parte niños, sufren problemas serios de salud mental y violencia. Entre unos y otros el campo de Moria se convirtió en una bomba de relojería que no tardaría en explotar. La crónica de esta tragedia se venia anunciado desde hace años, sin que nadie haya hecho nada por evitarlo. Mas bien al contrario, aprovechando el viaje del covid-19 desde China al continente europeo, Moria se cerró a cal y canto, bajo el pretexto de evitar que los refugiados contagiaran a la población autóctona, cuando más bien el problema era el contrario. Cerrados en un basurero que nadie limpiaba, los refugiados solo podían contagiarse por los que venían de fuera. Al final el incendio ha dejado a esa población todavía mas en precario. Se incendia Moria, arde Lesbos. El pánico regresa a Atenas y Europa se pregunta qué ha pasado. Error: lo que debería preguntarse es qué es lo que nunca debería haber pasado.