24 oct 2020

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análisis

Joan Coscubiela expresa sus quejas al ’president’ Carles Puigdemont en el hemiciclo del Parlament. el pasado 6 de septiembre.

ACN / Pere Francesch

Los plenos de la infamia

Joaquim Coll

El independentismo sigue sin reconocer que actuó de manera antidemocrática

Oriol Junqueras y Marta Rovira repasan en ‘Tornarem a vèncer (i com ho farem)’ las claves de la derrota en 2017, preguntándose qué hicieron mal tras el éxito logístico y propagandístico del referéndum, y por qué no lograron la secesión. Pues bien, tres años después concluyen que no tenían mayoría para hacer la independencia y que la debilidad estructural del secesionismo en las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona impedía llevar a cabo la ruptura. Resulta sorprendente que ahora les digan a los suyos que «siendo mayoría, es muy difícil conseguir la independencia democráticamente. Sin ser mayoría, es imposible».

El problema es que todo esto ya lo sabían hace tres años. La pregunta es por qué siguieron adelante con una hoja de ruta que no solo era inconstitucional, sino claramente antidemocrática y que tenía en contra a sindicatos y empresarios. Esto es lo que Junqueras y Rovira deberían explicar mejor en lugar de refugiarse en que ignoraban muchas cosas, sin olvidarse de pedir perdón, cosa que tampoco han hecho, tanto por engañar a sus votantes, prometiendo una secesión unilateral, como por causar un enorme daño a las instituciones catalanas y conjunto de la ciudadanía. Buscaron deliberadamente el enfrentamiento con el Estado y pusieron a la sociedad al borde del enfrentamiento civil, peligro que Carles Puigdemont también reconoce en su libro de memorias (’M’explico’).

Cuando se habla de reconciliación, de superar las heridas del 2017,curiosamente lo único que se propone atañe a la situación de los presos del ‘procés’, a la conveniencia de que recuperen cuanto antes la libertad con algún indulto, amnistía o reforma del código penal. Se pide a una parte, en este caso al Estado, que haga un gesto para que se rebaje la tensión y pueda volverse a hacer política con normalidad.

El problema es que no sabemos qué ofrecen los independentistas al resto de los catalanes. El problema es que el independentismo sigue sin reconocer que sus errores no solo fueron por ingenuidad o ignorancia, sino que actuaron de forma antidemocrática. Decían hacerlo en nombre de la libertad pero hubieran implantado un régimen autoritario. Y todo eso se plasmó los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, en los llamados «plenos de la infamia».

Lo expresó el diputado Joan Coscubiela, cuya intervención resumió el sentir de toda la oposición, de derechas e izquierdas, de tradición catalanista o españolista. «No se dan cuentan de la gravedad de lo que están haciendo hoy aquí», exclamó mirando a Carles Puigdemont. «Si uno le ha de explicar al ‘president’ de la Generalitat que la mayoría de un parlamento no puede aprobar leyes que pisoteen los derechos de los ciudadanos reconocidos en la Constitución. Si uno ha de explicarle a la presidenta del Parlament que no puede petarse el Estatut de Catalunya. Si uno ha de explicarles todo eso, significa que lo de menos es el referéndum, y que estamos ante un problema muy, muy grave». La infamia antidemocrática de aquellos días recaerá siempre sobre el separatismo.