27 sep 2020

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La cantante A Girl Named Eddy. 

Homenajes musicales

Jordi Puntí

Últimamente me ha dado por pensar que ya he escuchado demasiada música, y esta absurdidad que nadie puede tomarse en serio, ni siquiera yo, tiene quizás una explicación. Siempre me ha gustado estar al día de todo lo que suena distinto, sin muchos prejuicios, con las orejas bien abiertas, pero de un tiempo a esta parte cada vez me resulta más difícil entusiasmarme con lo desconocido. Es como si hubiera una desconexión fatal, como si se hubiera roto alguna cadena entre los nuevos ritmos y melodías y aquello que ha ido conformando mis gustos musicales toda mi vida.

Esto no significa que ya no pueda encontrar propuestas nuevas que me atraigan. Al contrario. Pero el hecho es que todo lo que me gusta y me sorprende, indefectiblemente, me lleva a pensar en otros referentes. Supongo que es la fuerza de la tradición. Pienso, por ejemplo, en un álbum que hace unos meses me recomendó un amigo, el excelente 'Been Around' de A Girl Called Eddy. Siento los primeros acordes del disco y se me materializa Burt Bacharach al piano. Es, de hecho, una presencia constante en el disco, una influencia que va sacando la cabeza aquí y allá en varias canciones, pero entonces —y esta es una de las muchas virtudes del disco—, hay un estribillo que me hace revivir a los Steely Dan, y unos coros que son como los de Prefab Sprout hace 35 años (qué vértigo), y una canción como "Someone’s Gonna Break Your Heart" es un homenaje a los Pretenders, y el espíritu de Tracey Thorn también aparece en rincones inesperados.

El disco de A Girl Called Eddy no es un caso único. Cuando escuché Pale Lights, por ejemplo, me atrapó enseguida: era como si Lloyd Cole hubiera grabado canciones nuevas con Orange Juice, y con las trompetas de Pale Fountains de fondo. Y cada nueva canción de Cigarettes After Sex me parece un cruce entre The Blue Nile y la voz arrastrada de Hope Sandoval... La gran suerte de estos juegos con la tradición es que primero te atraen hacia la nueva música con el anzuelo de la memoria, pero si el disco es bueno, tras varias escuchas vas abandonando la carga nostálgica y lo que queda es una propuesta original. Sólo hay que creérselo. Hacerse mayor debe ser eso.

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