Análisis

Torra juguetea con el Govern para beneficiar a Puigdemont

La Generalitat, una vieja institución que salvó Tarradellas en un exilio de verdad, es ahora mismo un simple instrumento para la 'vendetta' desencadenada por Puigdemont contra el PDECat

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Torra y Puigdemont, en Bruselas en febrero del 2019.

Torra y Puigdemont, en Bruselas en febrero del 2019. / EUROPA PRESS

La Generalitat es un juguete roto en manos de Quim Torra, un presidente al servicio de Carles Puigdemont. La vieja institución, salvada por Josep Tarradellas en un exilio de verdad, es ahora mismo un simple instrumento para la 'vendetta' desencadenada por Puigdemont contra el PDECat, el partido que fundó junto con Artur Mas para eludir la corrupción acumulada en CDC al que considera un estorbo para sus planes de derrotar a ERC, su único objetivo político a corto plazo. Tan sencillo, tan transparente y tan grave como parece. El general de Waterloo no practica la 'finezza' política.

El presidente Torra puede cambiar a los miembros de su Govern cuando le plazca, es su prerrogativa. No hay cuestión de legitimidad en la crisis gubernamental provocada por el cese de tres 'consellers' y el nombramiento de otros tantos. Sin embargo, no es ningún secreto que los cambios producidos no responden a los déficits de un Gobierno que los tiene a toneladas, ni a una reorientación gubernamental profunda, dado que las semanas de vida de este Consell Executiu están contadas. El Govern de Torra caerá (si ERC no toma la iniciativa antes) por la obcecación de su presidente de convertirse en héroe de la resistencia al Estado español, aunque fuera solo por unas cuantas horas.

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Las elecciones se convocarán, a este paso, según el reglamento, al quedar vacante la presidencia; sucederá así por decisión de Torra y en beneficio de Puigdemont, al que le falta tiempo para desangrar al PDECat y desgastar a ERC en su guerra por convertirse en líder único del independentismo desunido. A la espera del desenlace, cuya agenda depende del Tribunal Supremo, Torra juguetea con su Gobierno pensando en lo mejor para Puigdemont. Cesa a Àngels Chacón, la titular de Empresa, por ser del PDECat, por no comulgar con la política de cámaras de comercio inspirada por el presidente de la Cambra de Barcelona, Joan Canadell, y por sospechar que quiere ser candidata a la presidencia. A Miquel Buch lo despacha porque el responsable de Interior dejó que los Mossos aporrearan a independentistas que creían ser los dueños de la calle. Y Mariàngela Vilallonga es cesada para aparentar ecuanimidad en los cambios, aunque la 'consellera' se lo tendría merecido por ser un auténtico prodigio de insensibilidad política y social en materia lingüística.

Y ERC en las nubes. Los republicanos, señalados como desleales oficiales desde el mes de enero por Torra, han optado por no hacer nada. Torra es hoy presidente porque ERC decidió seguir en el Gobierno de un presidente que los ningunea, dedicado en exclusiva a perjudicarlos en beneficio de JxCat. Para mantenerse en el Govern, primero se escudaron en la conveniencia de un presupuesto nacido muerto por la irrupción del coronavirus, después se agarraron a la urgencia de combatir el coronavirus y ahora se han enterado por la redes sociales de que el Govern había entrado en crisis. Entre la responsabilidad y el masoquismo político debe haber un punto intermedio.