31 oct 2020

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DOS MIRADAS

Algunos ejemplares de la revista satírica francesa ’Charlie Hebdo’.

EFE

No soy 'Charlie'

Emma Riverola

Las viñetas de la publicación francesa me despiertan emociones muy alejadas de la sonrisa, pero su aceptación es una vacuna contra la intolerancia

Yo no soy 'Charlie Hebdo'. A menudo, sus viñetas me despiertan emociones muy alejadas de la sonrisa. Una niña y un niño caminan de la mano, se dirigen a la escuela. En vez de mochilas, cargan ataúdes a sus espaldas. "¿Terminarán el año?". Esta es la última portada del semanario satírico. Es evidente su efectividad. Un duro toque de alerta sobre la vuelta al colegio sin suficientes garantías sanitarias. Entiendo su fuerza, pero su trasgresión me supera. Niños, ataúdes y pandemia son tres elementos que no deberían caminar juntos. En esta portada no hay símbolos religiosos ni burlas a imanes, curas o rabinos, pero invade las habitaciones más sagradas. Perder a un hijo. ¿Hay algo peor? Más inasumible, más insoportable… 

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No, yo no me considero 'Charlie Hedbo'. Ni falta que hace. Es en la defensa de esa viñeta aborrecible o en las rimas necias de Valtònyc cuando el derecho a la libertad de expresión adquiere todo su sentido. Aunque incomode, aunque hiera. Su aceptación es una vacuna contra la intolerancia, contra la ceguera del odio. Porque al fin, ante el terror de las armas, indefectiblemente, yo sí soy 'Charlie'.