25 oct 2020

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ANÁLISIS

Una mujer con la antigua bandera nacional de Bielorrusia encabeza una marcha de protesta, este viernes en Minsk.

SERGEI GRITS (AP)

Ellas, otra forma de hacer política es posible

Ruth Ferrero-Turrión

Algo se mueve en Bielorrusia. Desde las elecciones presidenciales del 9 agosto asistimos a las mayores movilizaciones ciudadanas en este país desde la implosión soviética. El presidente Lukashenko confió en su habilidad para convencer a la población de una nueva victoria de su candidatura, tal y como había hecho otras veces, pero esta vez se equivocó. Varios han sido sus errores, pero quizás uno de los más graves es el haber menospreciado las capacidades, tácticas y estrategias de las mujeres de su país. Las mujeres bielorrusas tienen, en términos de brecha de género una posición bastante buena, según el índice del World Economic Forum. Se trata de mujeres muy bien preparadas y con una importante presencia en sectores como la sanidad o en el sector de las nuevas tecnologías y, como se puede observar a estas horas, dispuestas a todo para conseguir sus objetivos.

Bielorrusia pertenece a ese conjunto de sociedades postsoviéticas patriarcales habitadas por una profunda misoginia. Y es, precisamente en este contexto dónde las mujeres se han sublevado y están realizando una enmienda a la totalidad del régimen autoritario de Lukashenko y abogando por una nueva forma de hacer política y reclamar derechos. Las movilizaciones en el país se han desarrollado en forma de red, de multitud negriana que pide la revisión del contrato social vigente hasta ahora.

Las encargadas de poner estas demandas en marcha han sido tres mujeres Svetlana TikhanóvskayaVeronika Tsepkalo Maria Kolesnikova. Ellas han sido capaces de unificar a las fuerzas de oposición sobre tres demandas, el fin del régimen, la repetición electoral y la liberación de los presos. Un momento constituyente de manual. El discurso de Tikhanóvskaya en el Parlamento Europeo fue meridiano, su único objetivo es avanzar hacia un proceso democrático pacífico. Alcanzar el poder no se encuentra entre sus aspiraciones.

Cadenas de solidaridad

Las mujeres también están siendo protagonistas en las bases. Ellas han sido las que han invadido las calles bielorrusas, las que han creado las cadenas de solidaridad con sus grupos de apoyo, pero también las que mayores violaciones de derecho humanos y represión están padeciendo. Ya se ha convertido en un símbolo su presencia en las calles vestidas de blanco emulando a las Damas de Blanco cubanas o las madres de Plaza de Mayo en Argentina.

Pero, además, esta nueva forma de presencia pública, esta forma de actuación política también cuenta con aliadas de lujo. Este es el caso de la Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich que, a la luz de la incapacidad manifiesta del Gobierno bielorruso para negociar con las fuerzas de oposición, ha pedido al Kremlin un proceso de mediación en el país. Un gesto de estas dimensiones y con las implicaciones internacionales que puede tener hubiera sido inimaginable en un contexto donde la arrogancia suele estar muy presente. Mucho hay que aprender de lo que está sucediendo en Bielorrusia. Pase lo que pase a partir de ahora esta movilización merece ser recordada como aquella en la que ellas dieron un paso al frente.

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