DOS MIRADAS

Metáfora del funámbulo

En cada curso escolar, el equilibrista debe ser capaz, sin nada o con la ayuda de una pértiga, de recorrer el espacio que lo separa del abismo

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Una profesora del Institut Escola Antaviana de Barcelona comprueba la temperatura de un alumno, el pasado 15 de junio.

Una profesora del Institut Escola Antaviana de Barcelona comprueba la temperatura de un alumno, el pasado 15 de junio. / FERRAN NADEU

El curso escolar es como el funámbulo dispuesto a pasar la maroma, justo al comienzo de su periplo, el primer paso para atravesar el vacío que se extiende a sus pies. Cuerda floja o cable tensado, lo que cuenta, para el equilibrista, es tratar de ser capaz, sin nada o con la ayuda de una pértiga, de recorrer el espacio que lo separa del abismo.

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Este es el escenario, no el de un circo, acotado, sino el de un osado que, atraído por el reto, oscila con su cuerpo a muchos metros de distancia del suelo, tratando de controlar el vértigo, de no mirar hacia abajo, de tener la vista fijada en el punto de llegada, entre dos rascacielos. Y resulta que el funámbulo no puede evitar la travesía, porque sabe que es peor no haber iniciado el camino, que lo que toca es atreverse, a pesar de los embates del viento.

Mientras el Govern no concreta como ampliar aulas y reducir ratios, el "grupo estable de convivencia" funcionará como un aula convencional, que puede caer en cualquier momento. Han puesto redes, sí, para que el funámbulo (el curso) no se lastime mucho, pero a la altura que se ejecutan los equilibrios nadie se hace responsable de la integridad del artista.