Desde Gràcia

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Torre del Rellotge, en la plaza de la Vila de Gràcia.

Torre del Rellotge, en la plaza de la Vila de Gràcia.

El viernes poníamos punto final a las no-Festes de Gràcia del 2020, pasando como siempre el relevo a nuestros odiadoqueridos vecinos de Sants. Por más que el Ayuntamiento y la Fundació de Festa Major han insistido en mantener el espíritu, no ha habido fiestas este año, como no debería haberlas en ningún pueblo o barrio de España. Las razones obvias son las medidas de seguridad para protegernos del coronavirus pero también hay razones sociales y emocionales en el ambiente. Varias de las asociaciones de calles han perdido a algunos miembros estos meses. Muchísimas tienen a socios y socias sin trabajo o sin cobrar ertes. El ambiente está enrarecido y se nota. Todas las calles hemos tenido debates inacabables a medida que avanzaban los meses sobre qué haríamos, manteniendo la esperanza de poder llegar a hacer “algo”.

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En abril, agosto parecía un horizonte lejano en el que el virus, con suerte, ya sería muy limitado. Algunas incluso llegamos a fantasear con la idea de tener, por un año, unas Festes como “las de antes”: con la gente del barrio, sin aglomeraciones, en las que te encontrabas caras conocidas y saludabas aquí y allí. Creímos que, quizá, podríamos dedicarnos un año a cuidarnos, a hacer cenas de vecinos, sin la adrenalina y el agotamiento que nos impone la logística de la semana intensa, donde cubrimos turnos de la barra del bar, de atender a proveedores, de organizar la charla, la guerra de agua, la cata de vino, el concierto de la noche. Pero no ha sido así. La semana ha servido para pasear por un barrio vacío y sentirlo propio. Para que Joanet volviese a bajar contento a la calle, dando golpecitos con su bastón y que, sonriente como siempre, nos hiciese reír. Para volver a ver a Antonieta y que nos dijera que cada tarde ha bailado un poco, en silencio, en la calle, como lo hacían sus padres hace 50 años. Nos ha servido para descansar y para añorar lo bueno de las Festes y para esperar que el año que viene las podamos celebrar todas, en nuestros lugares, de forma segura.