28 oct 2020

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Desde Sant Gervasi

Vistas de Barcelona desde el Turó del Putxet.

ARCHIVO / RICARD FADRIQUE

Nervios de ciudad

Núria Iceta

Mi trocito de barrio está construido sobre un plano inclinado, con algunas vías que lo atraviesan como torrentes de circulación de coches y gente, no siempre de manera armoniosa. Las avenidas de Vallcarca, República Argentina y el Tibidabo, Balmes abajo, acercan la frontera oeste de la ciudad Collserola arriba. Son tres nervios cruzados ​​por una línea longitudinal, con el paseo de Sant Gervasi y la derivada de Craywinckel hacia la Bonanova y Sarrià, por un lado, y a través del viaducto de Vallcarca hacia el Coll y el Carmel, por otro. Con la colina del Putxet desde su atalaya para instarnos a mantener la mirada verde. De hecho, si te apartas un poco de los nervios principales, puedes esquivar las repetidas y aburridas promociones de pisos uniformados y bajan notablemente los decibelios para encontrar bloques de pisos más bajos e incluso algunas casitas supervivientes (torres de la avenida Tibidabo aparte).

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En un barrio marcado por la presencia de muchos centros escolares, el confinamiento y el verano han enlazado seis meses sin el griterío de chavales en la calle. La novedad de este verano, como en toda la ciudad, es que he visto mucho más nervio... y eso quiere decir más tiendas abiertas y más saludos entre vecinos. En el eje comercial sobreviven algunos negocios de hace 50 años en medio del mar de franquicias. Un domingo de agosto compro un pollo asado en la tienda de toda la vida y, oh casualidad, tienen un póster del barrio del año de María Castaña de aquellos dibujados como si fueran en 3D y pagados con la publicidad de los logotipos de los comercios. Reconozco muchos de los nombres, porque los tengo en la memoria, no porque todavía estén ahí... Los últimos en llegar, los de Casa Ametller, han tenido el detalle de poner una placa en recuerdo de Cortacans y unas fotografías preciosas de cómo eran y quiénes eran los nervios del colmado centenario que cerró el año pasado. Solo los habíamos llorado realmente a ellos y a la posibilidad de perder el referente visual de La Rotonda.