ANÁLISIS

Tres guerras globales

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El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump. / BRENDAN SMIALOWSKI (AFP)

Para muchos este habrá sido el verano más inestable de toda su vida, por eso en este mes de agosto de lecturas más reposadas, tal vez sea buen momento para encontrar pistas que nos devuelvan cierta estabilidad. La agenda global tiene tres frentes abiertos que van a condicionar nuestro otoño más inmediato, para bien o para mal. Tres batallas cuyo final es incierto, pero que pueden abrir senderos de esperanza o dejarnos en este limbo de incertidumbre sin intuir salida.

La primera de las tres batallas es la que se va a librar en las elecciones americanas de noviembre. Nunca en los cuatro últimos años, parecía tan factible la posibilidad de apartar a Donald Trump de la Casa Blanca. Le persiguen escándalos suyos y de sus asesores, pero sobre todo ha sido su inutilidad para gestionar una crisis lo que ha desenmascarado al presidente. La batalla está caliente y ante la ausencia de estímulos, Trump va a sacar toda la artillería de campaña empezando por cuestionar la legitimidad del sistema electoral, llevando al límite el concepto democrático del poder que ostenta y amenazando con una nueva crisis seria con Irán, que en EEUU siempre da buenos réditos a los republicanos. Una nueva victoria de Trump puede tener enormes consecuencias en la pérdida de liderazgo global de EEUU, pero también en el resto del mundo, donde su actitud ha legitimado todo tipo de radicalismos de derechas.

El segundo frente abierto es la guerra fría entre EEUU y China. La tensión entre las dos potencias ha llegado a su nivel máximo desde que hace cuatro décadas establecieran relaciones diplomáticas. La guerra es por el equilibrio económico, pero también tecnológico y de seguridad. Mientras se mantiene, la amenaza a la economía y el comercio global es constante, con nuevas barreras que fracturan a toda la comunidad internacional. La salida debería llegar a través del diálogo, pero no parece que se den las condiciones para iniciarlo y mientras EEUU aumenta la presión en el mar del Sur, en Hong Kong o Taiwán, en medio de la batalla emerge de nuevo la Rusia de Vladímir Putin. O se frena, o no tardaremos mucho en comprobar como esta nueva guerra fría acaba traduciéndose en cifras mil millonarias de una nueva carrera armamentista.

La vacuna

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La tercer frente, el más reciente, es la guerra abierta por la vacuna contra el covid. El poder que puede otorgar un remedio a quien lo consiga puede ser mayor que tener una bomba atómica. El nacionalismo de la vacuna ha roto todo el consenso mundial, como si tuviera sentido vacunar a todo un país sin hacerlo en el resto del mundo. La batalla nacionalista por hacerse primero con la vacuna no es exclusiva de las grandes potencias. Todos los países con recursos se han lanzado por su cuenta para conseguirla, lo cual solo hará que retrasar la salida de una pandemia que no se acaba en un país, sino cuando acabe en todos.

Batallas distintas pero conectadas. De ellas depende nuestro otoño inmediato y mientras no se estabilicen olvidémonos de volver a la normalidad.